domingo, 21 de diciembre de 2008

Plácido (1961)

No es fácil ser crítico durante una dictadura, pero según como se lo haga el arte permite denunciar esquivando el riesgo de acabar con una bala en la cabeza, torturado o desaparecido. Todos estos regímenes han mostrado tener el nivel intelectual de una ameba, donde si las cosas no se decían de forma explícita, pasaban la censura y hasta cosas peores. Recordemos en nuestro país la revista Humor Registrado y sus tapas con militares en situaciones grotescas. Claro, eran solo dibujitos, cosas de niños...

Luis García Berlanga tuvo que lidiar contra el régimen de Franco, por eso sus obras se apoyaron en el humor aparentemente costumbrista para retratar una realidad incómoda, siniestra. Denominado “cine de estética franquista”, no usaba militares heroicos ni sacerdotes ejemplares. Inspirado en las comedias norteamericanas y en la tragicomedia y el neorrealismo italianos, sus protagonistas son personas sencillas, y los desenlaces de un pesimismo chocante que dejan al espectador con un maravilloso sabor amargo.

Plácido es quizás una de las menos directas...en la superficie, lo que la hace doblemente meritoria. El personaje del título es un pobre tipo que vive en un baño regenteado por su mujer, y que justo el día de nochebuena debe pagar la primer cuota de su motoneta, vehículo fundamental para conseguir el sustento diario.

Un anciano acosado por el periodista y la estrella de cine

El mismo día, la empresa de ollas Cocinex patrocina una subasta muy particular: los ricos podrán llevarse un pobre a cenar, acompañados en el mejor de los casos de alguna estrella de cine de cuarta. Clasificados como “ancianos de asilos” o “pobres de la calle”, los pudientes tendrán opción de elegir a quién alimentar. Plácido deberá pasear una gran estrella navideña en su vehículo como parte de la promoción de esta campaña de la caridad cristiana, preocupado porque no consigue llegar al banco para pagar la cuota.

Berlanga habla sobre la película. ¡Ojo, spoiler!

La odisea lo llevará por distintos hogares donde los ricos exhibirán a los pobres como símbolo de estatus y donde los alimentarán para limpiar sus miserables conciencias. Eso sí, sin perder las mañas, demostrando que no deja de ser un trabajo sucio e impropio de su clase social.

La situación se complica cuando uno de los indigentes se indispone, y varias familias se movilizan para tratar de ocultar un hecho que puede empañar la campaña.

Nadie se salva en esta ácida y negrísima comedia: ni los ricos, ni los pobres, ni Plácido, ni nosotros mismos, que seguramente nos sentiremos identificados con alguna de las vergonzosas actitudes de sus protagonistas.

La subasta

Aunque al principio pueda inducir a confusión, la forma en que está filmada resulta un despliegue de oficio fantástico. Utilizando planos secuencias largos, todo el tiempo hay gente, mucha gente moviéndose a lo largo de la pantalla y hablando hasta por los codos. Los actores realizan un trabajo magnífico más allá de sus cualidades interpretativas, pues rodar escenas con tan pocos cortes y que la coordinación resulte impecable no es algo que se haga con facilidad.

Especial para aquellos a los que les gustó “Esperando a Carroza”, pero con el mérito de tener 20 años más. Y aunque se la considere una crítica a la hipócrita sociedad española del franquismo, su mensaje llega mucho más lejos. Lamentablemente hay actitudes que no cambian con el tiempo ni con la nacionalidad ni con los gobiernos, que son universales. Plácido las refleja a casi todas. Nos refleja a casi todos.


ASÍ SÍ: Imprescindible para ver en estas fechas y reflexionar sobre quiénes somos.


ASÍ NO: El ritmo y la superposición de diálogos pueden confundir en un principio.




Ficha IMDB

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