miércoles, 24 de diciembre de 2008

Los expedientes secretos de la Navidad II

En esta segunda entrada veremos cómo el cristianismo siguió tomando del paganismo lo que le convenía para dar vida a sus tradiciones.

LA PROHIBICION


La Reforma Protestante del siglo XVI contra las pretensiones papales de controlar la cristiandad acarreó la prohibición de cualquier celebración relacionada con la Navidad, incluida la entonación de villancicos, originarios de la Edad Media. Los puritanos ingleses y americanos se encargaron de controlar esto, a pesar del descontento de la gente que buscaba los medios de violar el veto. La restauración de 1660 con Carlos II a la cabeza la devolvió, aunque la celebración de los rituales tardarían hasta el siglo XIX.

INVENTANDO LA NAVIDAD MODERNA

La celebración en EEUU, luego de la Revolución, era considerada una costumbre inglesa y por lo tanto mal vista. Calmada la oposición puritana, escritores como Charles Dickens fomentaron con su obra los valores de compasión y celebración familiar, generando las bases de la celebración que conocemos hoy en día. Importante también fue la declaración de feriado en el país del norte gracias al presidente Ulysses S. Grant en 1870.

Ilustración original del clásico de Dickens "A Christmas Carol", escrito en 1843

Durante el siglo XIX fueron recuperados los villancicos. Originarios del siglo XII, eran danzas de coros medievales sin ninguna referencia religiosa que gradualmente fueron asociados a la iglesia en Alemania, Francia y Gran Bretaña. El “relanzamiento” del festejo los volvió populares y se compusieron centenares nuevos.

Las tarjetas navideñas fueron un invento comercial de sir Henry Cole, que con una ilustración de Juan Callcott Horsley se pusieron en venta en Londres en 1843. Al principio rara vez contaban con representaciones religiosas o invernales, consistían más que nada en dibujos de hadas, flores o retratos de acontecimientos personales como los usados por la reina Victoria en los años 1840. Recién en 1870 se popularizaron los motivos religiosos, cuando Louis Prang comenzó a imprimirlas en Norte América.

Probablemente esta sea la primera tarjeta navideña de la historia. Fue diseñada en Inglaterra en el 1843 por un artista llamado John C. Horsley, para enviársela a un amigo, Sir Henry Cole

El árbol de navidad proviene de la celebración del nacimiento de Frey, dios del Sol y la fertilidad, en el norte de Europa. El árbol representaba a aquel que sostenía al universo (Yggdrasil) en cuya copa se halla la morada de los dioses (Asgard) y el palacio de Odín (el Valhalla). Como la fecha era cercana al 25 de diciembre, los evangelizadores lo tomaron “prestado”, cambiaron el roble por un pino, y arrasaron con la simbología original.

Una de las tantas representaciones de Yggdrasil

Se dice que San Bonifacio (680-754), evangelizador de Alemania, lo adornó con manzanas (representando las tentaciones y el pecado original) y velas (la luz de Jesús), que con el paso del tiempo se transformarían en esferas y otros adornos. En Alemania se implantó en 1605, y a Inglaterra llegó en 1829.

El pesebre procede del 1223, cuando San Francisco de Asís reunió a un grupo de vecinos para celebrar la misa del gallo. Él mismo moldeó la figura del niño Jesús y a partir de ese momento la costumbre se extendió por todo el mundo, incorporando figuras de animales y personajes propios de cada cultura como ángeles, chamanes e ídolos varios.

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