domingo, 15 de febrero de 2009

HR GIGER – Escultor de la carne (1 de 5)

Cuando uno repasa la obra de Hans Ruedi Giger, en lo primero que piensa es en el tipo de infancia que debe haber tenido. Giger representa el estereotipo del niño atormentado que espera el estallido de sus habilidades artísticas para lograr esa catarsis terapéutica tan necesaria.

Nació en Suiza el 5 de febrero de 1940, en la que es considerada la ciudad más antigua de ese país: Coira, o Chur. De niño confiesa haber sentido una prematura atracción hacia el sexo opuesto, pero su timidez casi patológica lo llevaba a utilizar métodos poco comunes para acercarse a las chicas: pararse por horas frente a sus casas, o con la ayuda de sus amigos llevarlas por un improvisado tren fantasma construído en su hogar.

La casa de vacaciones de Flims-Foppa

Con su padre no tuvo una relación demasiado fluída. Farmacéutico e integrante de la Guardia Alpina de Salvamento, renegó siempre de las cualidades artísticas de su hijo. En su pueblo natal “artista” era sinónimo de borracho, vagabundo y débil. Su madre en cambio fue la típica mujer que debía someterse a la rigidez de su marido mientras consentía a escondidas a su niño.

El joven HR con su padre y practicando tiro

El jardín de infantes lo hizo en una institución católica, donde los castigos incluían varios padre nuestros frente a un Cristo ensangrentado. Hoy reconoce que esa imagen motivó el lado más sangriento de su arte. La escuela primaria no resultó especialmente traumática, pero la secundaria se convirtió en una tortura infame. El mejor recuerdo de aquellos años de estudio proviene de un tutor llamado Wieser, y que fue el que le enseñó a modelar y a dibujar. Su muerte prematura debido a un cáncer fulminante dejó a Giger sin guía, pero con la semilla negra de su arte germinando lenta pero sin pausa.

La serie pozos surge en 1966 a raíz de su problema de pavor nocturnus, un transtorno del sueño que le provocaba pesadillas continuas y sonambulismo. En la casa de su infancia había una peligrosa escalera sin pasamanos, una ventana misteriosa con vista a un hotel vecino, y un sótano que formaba parte de los túneles subterráneos de la ciudad de Chur. Todo ello contribuyó a darle forma a sus pesadillas y a estos cuadros cargados de horror y desesperanza. (Clic en la imagen para ampliar)

Las primeras publicaciones las hizo en el año 1959 en revistas clandestinas como Clou, Hotcha, y la revista del colegio del Cantón de Chur. Al mismo tiempo que se desempeñaba como ayudante de un arquitecto grisón, publicó en ellas sin recibir remuneración alguna la serie “Niños Atómicos”. Dibujos a tinta de criaturas deformes, retratos de pesadillas surrealistas que ya marcaban el rumbo de su estética siniestra.


“Nosotros, niños atomicos les estamos agradecidos a nuestros progenitores, que durante el gran boom y siguiendo el reglamento atomico suizo, se tiraron al piso de acuerdo a sus reflejos y muy educadamente contaron hasta quince, pues de lo contrario no existiriamos. Nosotros los niños atomicos, no queremos moralizar, a nadie queremos recriminar, simplemente queremos, que ustedes se acostumbren a nosotros y aprendan a querernos. Solo que no podemos garantizarles nada, pues tan pronto seamos mayoria, ustedes seran los anormales y quiza tengan que sufrir por eso.” HR Giger.1963. –Oposición/democracia viva


Otros trabajos: 35:Máquina paridora (1965) / 40:Noracyclin (1965) / 29:Die oboren Zehrstausend (1964) / 30:Supermercado (1965). Clic para ampliar


Fuente: HR Giger Arh+

2 comentarios:

rvs dijo...

No tenía idea que Giger era de Chur que es el pueblo del que proviene mi familia, ni sabía que era el más antiguo de Suiza. rvs

Klaatu3000 dijo...

Exactamente. Acá te paso las fuentes.

En el siguiente enlace se habla sobre HR Giger:

http://es.wikipedia.org/wiki/Giger

Y de acá saqué los datos de Chur:

http://es.wikipedia.org/wiki/Coira