sábado, 21 de marzo de 2009

El Umbral (Stay, 2005)

Existe un género de películas que en un rapto simplificador he dado en llamar “¿qué diablos pasa acá?”, y de las que David Lynch es el máximo referente. Historias que no sabemos dónde desembocarán, en las que los sucesos están rodeados de un aire de extrañeza sofocante, sin un claro conflicto que dé pistas sobre las intenciones de su director. Regresiones de un Hombre Muerto (The Jacket, 2005), El Maquinista (The Machinist, 2004), y la más influyente transformada hoy en cinta de culto, Donnie Darko (2001), son ejemplos recientes de estas películas en las que un antihéroe debe enfrentar situaciones que rozan lo fantástico y sobrenatural.

En este caso, Ewan McGregor interpreta a Sam, un psquiatra que comparte su vida con Lila (la hermosa Naomi Watts), una ex-paciente devenida en pintora y a la que salvó del suicidio años atrás. Casi por accidente se topa con un estudiante de bellas artes, Henry (Ryan Gosling, conocido por ser la cara de El Joven Hércules en la TV), que dice escuchar voces y con la capacidad de predecir el futuro. Y que le anuncia que en tres días, a la medianoche, se suicidará.


Sam se obsesiona con su nuevo paciente. A medida que ahonda en su vida con intenciones de salvarle la vida, la suya inicia un proceso de desintegración gradual. La realidad parece desgarrarse en deja vus enloquecedores, se cruzará con gente muerta y se le atribuirán acciones que nunca realizó.

El director de tamaño enredo no es otro que Marc Forster, el realizador de películas tan interesantes como Descubriendo Nunca Jamás (Finding Neverland, 2004), Stranger Than Fiction (Más Extraño que la Ficción, 2006), y Cometas en el Cielo (The Kite Runner, 2007). Con estos antecedentes todavía me sorprende que haya sido el elegido para dirigir la última de James Bond (007 Quantum of Solace, 2008).


El principal problema está en la sobrecarga de efectos visuales que desde el principio bombardean al espectador, admirables desde lo técnico pero que no contribuyen al crescendo narrativo salvo para confundir. Aunque al final vemos que tienen su razón de ser, las transiciones entre escenas y los continuos flashbacks dan la sensación de presuntuosidad innecesaria. De haberlos incorporado en forma gradual en la trama se hubiese conseguido la construcción de un mejor clima de extrañeza, evitando marear a los desprevenidos.




Cuando todo está encausado, o sea, descontrolado, estos recursos sí contribuyen genuinamente y se disfrutan a pleno. Así hasta el final donde todo se aclara (la historia es más simple de lo que parece), un desenlace que algunos se verán venir, otros no, pero que estoy seguro conmoverá sin excepciones. Y si sumamos a ello el tema musical de cierre y las imágenes que acompañan los títulos finales, la sensación de angustia y tristeza será acompañada de alguna lagrimita sentida.

Es una de esas películas difíciles de calificar y que se disfruta más la segunda vez que la vemos. Por eso tomen mi opinión final con cautela y júzguenla ustedes mismos.



¡ASÍ SÍ!: Ideal para los amantes de los rompecabezas surrealistas.


¡ASÍ NO!: Por momentos muestra demasiado y puede arruinar el final.




Ficha IMDB

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