miércoles, 11 de marzo de 2009

El Monstruo Del Armario (Monster in the Closet, 1986)

“Los surfistas nazis deben morir”, “Grita nena grita”, “Gatas adolescentes en celo”, “Ellos me llaman la mujer macho”, “El bueno, el malo, y el subhumanoide”, “Yo fui un adolescente terrorista de la TV”, “Abuelitas rabiosas”, “Una ninfa bárbara en el infierno de los dinosaurios”, “El condón asesino”... Pensarán que son títulos inventados por mí después de un ataque al hígado. O de un encuentro con mis amigos fumados (ojo, yo no puedo ni acercarme a nada que entre en combustión y se lleve a la boca). Pero no, lectores míos. Si se sorprenden con estos títulos es porque gozan de un sano analfabetismo respecto del submundo de la clase Z. Desconocen la existencia de Troma.

Troma. Una productora estadounidense fundada en 1974 por Lloyd Kaufman y Michael Herz, caracterizada por sus filmes baratos, sexo gratuito, mal gusto, personajes bizarros, y cuanto calificativo escandaloso y denigrante se les ocurra. Hogar del vengador tóxico, ícono del trash y los incomprendidos del mundo. En definitiva, ¡una fábrica de maravillas que no deben faltar en nuestra videoteca!

El científico y el militar, enfrentados por un monstruo de goma

El monstruo del Armario, o Un Monstruo en el Ropero, a comparación de los títulos mencionados más arriba, parece una superproducción de una formalidad inusual para lo que es el estándar de calidad de la empresa. La historia es simple: en un poblado cercano a San Francisco aparecen cadáveres dentro de los armarios. Un bizarro grupo integrado por un profesor universitario obsesionado por las ranas, un periodista bobo y su inescrupuloso competidor, la muchacha bonita de turno, su hijo genio al que llaman “el profesor”, y un sacerdote que apenas emite palabras, intentarán detener a la criatura que usa los roperos como portales dimensionales, de todos los modos científicamente posibles.

No muchachos, no hay evidencias de que este monstruo sea su abuelo

No hay sexo ni sangre, debo aclarar, pero sí muchas escenas graciosas que parodian a películas obvias como Psicosis y Alien, y a otras no tanto como Superman, King Kong, y Encuentros Cercanos del Tercer Tipo (¿?).

Por la pantalla desfilan una cantidad importante de muertos vivos... actoralmente hablando, debido a que mucho de los intérpretes contratados estaban en el ocaso de sus carreras, algunas más populares que otras, pero no demasiado.

Claude Akins hace de un sheriff (y que no es Lobo) con serios problemas salivales, Howard Duff (un actor que apareció en muchísimas de las mejores series de USA, una sola vez, ya que después de su participación no volvían a convocarlo) es el padre Finnegan, John Carradine (prolífico actor del género de suspenso y terror que sucumbió ante el peor cine Z en títulos como Las prostitutas vampiras) muere de entrada así que no se muestra demasiado, Donald Moffat (Rem, el androide que salvaba al lelo de Logan en la serie La fuga de Logan) es el militar belicoso que hace todo mal, Frank Ashmore (que unos añitos antes había hecho de lagarto bueno liderando la quinta columna en V Invasión Extraterrestre) es el periodista que le quita protagonismo al doble de Clark Kent, y Henry Gibson (otro que tenemos visto de miles de series de tv) es el doctor Pennyworth. Paul Walker (el niño genio) es el único que zafó por la edad, ya que sigue trabajando en el presente y al que vimos protagonizando la saga Rápido y Furioso.

Grarrrrroarrrrrrrrrrr Grooooarrrr Graouuuuuurrrrrrrr Grr
("¿Me dice donde queda el baño, por favor?")

El monstruo del título, a pesar del indisimulable traje de goma, resulta tan atractivo como entrañable, aún con sus torpes movimientos, sus gruñidos a lo demonio de Tazmania, y esa boca envidiada por más de una actriz porno.

La película es algo despareja, y recién pasada la mitad se anima a explotar todo su potencial, consiguiendo momentos brillantes y surrealistas, donde los adultos se ven obligados a enfrentar antiguos terrores de la infancia. Se extrañan las salvajadas del producto estrella de la productora, Toxie, pero quizás haya sido mejor así. El tratamiento casi apto para todo público lo acerca a una versión subversiva de ET, un ente repudiado por las masas debido a su aspecto pero que en el fondo sólo busca un poquito de amor.





¡ASÍ SÍ!: ¡El primer monstruo abiertamente gay de la pantalla grande! No es casualidad que sobre el final busque conquistar San Francisco.

¡ASÍ NO!: Errores de continuidad, montaje desprolijo, actuaciones terribles... ¿o todo esto debería considerarse una virtud?




Ficha IMDB

4 comentarios:

MeriSan dijo...

Jajaja que perso!
No el mostro ni el creador...vos! que te viste todas esas pelis, jaaa.
Lo de la desprolijidad no es un poco adrede en el cine clase B? (esta es la preguntonta ya sé, pero es que no conozco acerca del tema)
Che y quienes son tu amigos fumados? deciles que ojo ehh¿! que todavia no se aprobó ninguna ley.

Klaatu3000 dijo...

Por desgracia no pude ver todas esas películas, pero no pierdo las esperanzas, ¡aún sigo rastreando!

Es cierto, la desprolijidad es un sello distintivo en la clase B y Z, pero no lo es todo. Te podría recomendar por ejemplo un engendro llamado "Jesucristo cazavampiros", que está espantosamente filmada y editada, pero que no es buena porque le falta el condimento fundamental de este subgénero: debe tener "onda".

Una clase B sin onda, sin humor inteligente, sin creatividad, sin ironía, sin autocrítica, no es más que un mal experimento de aficionados.

Y con respecto a mis amigos fumados, criaturas que por las noches se bañan en lisérgicos vapores de colores fosforescentes, disfrutarían más de la vida si en ese momento se vieran una de Troma.

La próxima reunión llevo un par, no te preocupes.

Milo dijo...

Así es Don Klaatu3000, todo eso debe considerarse una virtud. Así que le sumo a favor la neurona y media que falta...

rvs dijo...

¡Me hiciste acordar de este peliculón! Con el padre de todos los Carradine! Robertovs