domingo, 26 de abril de 2009

Estados Alterados (Altered States, 1980)

Principios de los setentas. El mundo occidental atravesaba un romance lisérgico donde filósofos, artistas y hasta científicos husmeaban y se zambullían en los rincones inexplorados de la mente alucinada. No sorprende que la misma ciencia coqueteara manteniendo la corrección política (nada de sustancias prohibidas) con experimentos que inducían alteraciones de la conciencia. Los experimentos de “privación sensorial” consistían en la eliminación del “ruido” del mundo exterior, ubicando a los sujetos por lo general en un tanque de agua a la temperatura de la sangre, en completa oscuridad y en ausencia de sonidos. La atención de la mente dirigida “hacia adentro” iniciaba con síntomas de desorientación, y acababan con alucinaciones muy vívidas.

En esta época se sitúa la película de Ken Russell, personalísimo director que durante los setentas tuvo varios éxitos controvertidos y revolucionarios (The music lovers –una biografía de Tchaikovsky-, The Devils –adaptación de The devils of Loudun de Haldous Huxley que tuvo serios problemas con la censura, y la magnífica versión de la ópera rock de The Who, Tommy, entre otras).


El protagonista tratará de descubrir qué ocultan
los rincones mas oscuros de la mente humana



Estados Alterados (Un viaje alucinante al fondo de la mente en España) muestra los intentos de un científico de Harvard, Eddie Jessup (un muy joven William Hurt), por demostrar que los experimentos de privación sensorial abren la puerta al descubrimiento de la verdadera naturaleza del ser humano. Aún contra las trabas que le ponen sus propios pares, Jessup intentará demostrar que los estados alterados de conciencia permiten vislumbrar en la memoria genética de la especie la historia evolutiva que va desde el primer proto-hombre al oficinista moderno.


Una de las logradas imágenes que nos regala el film


Cuando sus propios experimentos le quedan cortos, recurrirá a los efectos alucinógenos de la amanita muscaria. Un colega lo pondrá en contacto con los chamanes de una tribu mexicana, que le harán conocer el verdadero significado de la palabra “volado”.

El rumbo de los acontecimientos se complica cuando en uno de estos “viajes” detecta cambios en su propia fisiología. Fuera lo que fuera lo que se manifiesta a través de su cuerpo, la obsesión por comprobar su teoría lo arrastrará al límite de su integridad física y mental.


William Hurt y su dealer, tras la ruta de fasolita por territorio azteca


Quizás a muchos los desaliente la terminología científica utilizada a lo largo de la película. En mi caso, agradezco que al menos por esta vez Hollywood presente algo de coherencia. Porque todo lo que sale de la boca de Jessup tiene su correlato en diversas teorías expresadas por científicos de todo el mundo, aún cuando no se haya demostrado su veracidad hasta el día de hoy.


Tinky Winky, el teletubbie, visto bajo los efectos de la amanita


No faltan las exageraciones, por supuesto, pero no olvidemos que estamos ante un film de ciencia-ficción. Llevar la especulación al extremo, aunque resulte incongruente, forma parte del show que necesita una historia como ésta. Algo que pareció disgustar al escritor del libro original y el guión en sí, Paddy Chayefsky, que no contento con el resultado final hizo cambiar su nombre en los créditos por el de Sidney Aaron (su verdadero nombre).


La droga puede producir efectos impredecibles en el adicto compulsivo


Las alucinaciones que sufre el científico, aunque técnicamente se noten algunas imperfecciones, son de un gran impacto, sobre todo las que utilizan iconografía religiosa. Ventisiete directores dijeron que no al proyecto, manifestando que no se les ocurría la forma de plasmarlas en la pantalla. Los efectos especiales corporales, por otro lado, estuvieron a cargo del maestro Dick Smith, ganador del Oscar por el maquillaje de El Exorcista.


Trailer


El principal problema de la película tiene que ver con el rumbo que toma hacia el final. Toda el aura filosófica que destila la primera mitad se diluye cuando los cambios físicos del científico van ganando protagonismo. Y ni hablar del desenlace, que sin revelar lo que sucede, hace gala de la consabida moraleja de que el amor todo lo puede y bla bla bla.

No obstante es una gran película, adelantada a su tiempo, y con momentos de una bizarra poesía pocas veces reflejada en el cine.


La nota curiosa: Drew Barrymore debutó en cine con esta película, interpretando a la hijita del protagonista.


¡ASÍ SÍ!: Planteamientos científicos creíbles. Las potentes imágenes de los estados alterados, muy logrados teniendo en cuenta los recursos tecnológicos de la época (la palabra CGI no existía aún para el séptimo arte).


¡ASÍ NO!: El final, al que personalmente le cortaría por lo menos los últimos diez segundos.




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