domingo, 31 de agosto de 2008

El Club del Suicidio (Jisatsu saakaru, 2002)

Una estación de trenes de Tokio al atardecer. La gente, despreocupada, deambula esperando el transporte que los llevará a casa. Mientras el tren se acerca, 54 colegialas forman una fila sobre el borde del andén, tomándose de las manos e iniciando una alegre cuenta regresiva. Cuando llegan al uno, y ante el desconcierto del resto de las personas, se tiran a las vías y los vagones les pasan por encima. Litros y litros de sangre inundan los andenes, cubren los rostros de los ocasionales testigos, salpican las ventanillas del tren. Es el primero de una seguidilla de suicidios que tendrá a mal traer a la policía local.

Mientras el detective Kuroda (Ryo Ishibashi, el mismo de Audition,1999) intenta resolver el misterio, pistas de todo tipo agregarán confusión y extrañeza al caso: tiras de piel humana, un sitio web que cuenta las víctimas, llamadas telefónicas de las que brotan la misma escalofriante voz carrasposa, oportunistas que buscan atribuirse la responsabilidad, y mas muertes aderezadas con mucha sangre.

La opera prima del director japonés Shion Sono es un compendio de climas siniestros, animaladas gore, y aparentes bizarradas a las que cada uno tiene que encontrarles el sentido. Porque estamos ante una película Rorschach: no habrá dos personas que la interpreten de la misma manera. Y ello gracias a su desconcertante y críptico desenlace, que más de uno odiará y otros aplaudirán.

Las chicas a punto de hacer una masiva donación de sangre.

En lo que todos estaremos de acuerdo es que esta película es una interesante parábola sobre el conformismo, la incomunicación y la desesperanza de un mundo moderno impulsado por modas irracionales y altas dosis de tecnología que conducen al aislamiento (celulares, la web y la televisión son canales que inducen a la práctica que menciona el título). Trampa en la que los adolescentes son los más propensos a caer, pero de la que no quedan excentos los adultos como se aprecia en el film.

No es extraño que las pistas de lo que pasa la den niños, supuestamente no contaminados aún. Niños que nos preguntan de manera inquisidora si nuestras “conexiones” gozan de buena salud.


¡ASÍ SÍ!: Perturbadora en varios sentidos. Genera discusiones sobre lo que acabas de ver.

¡ASÍ NO!: La abundancia de elementos la hace innecesariamente confusa. Para líos mentales ya tenemos el final.


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