martes, 8 de marzo de 2011

Miss Tacuarembó (2010)

Sorprende lo arriesgado de la propuesta del director Martín Sastre, sobre todo sospechando que el público al que se le intentó vender la película (familias seguidoras de la cantante Natalia Oreiro y señoras mayores adictas a Susana Gimenez) podría llegar a no entender sus intenciones, y lo que es peor, podría hasta molestarse con las irreverentes referencias religiosas que durante toda la historia se encargan de dejar en claro de dónde proviene el mal en la tierra.

Natalia Oreiro interpreta a Natalia, una niña oriunda de Tacuerembó, llena de sueños y con ganas de convertirse en una bailarina famosa. Pero resulta que Tacuerembó es un pequeño pueblo uruguayo lleno de obstáculos donde todo parecerá conspirar contra sus deseos: lo aislado del lugar, una madre sin carácter, su precaria situación económica, y sobre todo la castradora formación religiosa a la que es sometida por la malvada catequista del pueblo (sobreactuada con gracioso acierto por la propia Oreiro). De grande se radica en Buenos Aires con su amigo de la infancia (Diego Reinhold), y lejos de triunfar en el mundo del espectáculo, ambos trabajan en un parque temático llamado “Cristo Park”. Un reality show tal vez le brinde la oportunidad de cumplir sus sueños, pero a un costo demasiado elevado.




Basada en la novela homónima del músico uruguayo Dani Umpi, esta coproducción española-argentina-uruguaya tiene mucho de autorreferencial de la infancia de Natalia Oreiro (aunque de ninguna manera es una biografía). Alternando entre su infancia en los años ochenta y el triste presente en la capital argentina, la trama va construyendo una vida de frustraciones y crónico pesimismo.

No es una comedia en el sentido convencional del término. A los graciosos números musicales se le suman muchos momentos dramáticos donde la religión se lleva la peor parte, y todo aderezado con abundantes toques bizarros que desfigurarán la cara de los espectadores más conservadores. Natalia reniega de Cristo, ve a la catequista de su infancia y a sus hijas como demonios terrenales, y en el presente trabaja disfrazada de Tablas de la Ley en un parque de diversiones donde todos los juegos tienen que ver con pasajes bíblicos, insistiendo con que la religión es lo peor que le pasó en la vida (conviene poner pausa en las secuencias del parque y apreciar los divertidos nombres de las atracciones). Al final, numerito musical mediante, se deja en claro que el problema no es Jesús, sinó los que hablan en su nombre.




Es una película que disfrutarán plenamente los que vivieron durante los ochentas en esta parte del mundo. Las referencias a éxitos de la época se entenderán sólo si se presenciaron en primera persona: se escucha algún tema de Los Parchís, los chicos se divierten con juguetes típicos de la época, pero sobre todo tiene especial relevancia el furor que provocaba la película Flashdance en el cine, y la telenovela venezolana Cristal en la televisión.




En el presente del film los “palos” están dirigidos hacia los realitys, remarcando la voracidad con que usan a las personas y sus desgracias como mercancías descartables. El de esta película se llama “Todo por un sueño”, y aunque el formato es más parecido a un Talk Show, la alusión a los productos de Marcelo Tinelli son muy obvias (la tipografía del programa es la misma que la del “Bailando por un sueño”).



Mucha personalidades conocidas en Argentina y Uruguay hacen breves participaciones, pero no revelaré sus nombres para mantener la sorpresa. Los que aparecen en los créditos, en cambio, aportan lo que pueden. Natalia Oreiro actúa y canta...como es de esperar de Natalia Oreiro: sus fanáticos delirarán, los otros al menos la mirarán de reojo. Diego Reinhold interpreta a un gay, para variar. Parte del elenco además está compuesto por actores no muy conocidos de Uruguay. Los niños, seleccionados a través de un casting online, cumplen sus roles con corrección. Pero la que se roba la película con su carisma y su talento es Rossy de Palma, la ex chica Almodovar, como la insufrible conductora del reality que por momentos recuerda lo peor de Moria Casán.




La película no es tan buena en su conjunto como en sus detalles. Las idas y vueltas en el tiempo están bien estructuradas, sobre todo hacia el final, pero muchos momentos se tornan tediosos por lo repetitivos. Hay muchas buenas ideas, algunas mejor plasmadas que otras, y donde gana finalmente es en el toque bizarro global. Así hasta las canciones de la Oreiro encuentran su justo y necesario lugar.



¡ASÍ SÍ!: Ojalá contagie su irreverencia y veamos más producciones por el estilo.


¡ASÍ NO!: Varias personas deberían replantear sus carreras actorales.







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