martes, 28 de octubre de 2008

Cuando sopla el viento (When the wind blows – 1986)


Los ochentas fueron los años de los raros peinados nuevos, la estética kitsch, las alpargatas de Don Johnson... y la paranoia nuclear. Capitalismo y comunismo se llevaban a las patadas, léase EEUU y la ex Unión Soviética estaban en el pico de la guerra fría y la amenaza de una guerra nuclear se vivía como hoy la posibilidad de un atentado terrorista a gran escala. Si hasta eminencias como Carl Sagan, desde la televisión y sus libros, advertían continuamente de la amenaza latente.

Esa década dio tres filmes clásicos sobre el tema. El primero y más recordado fue un melodrama para TV llamado El día después (The day after, 1983), superéxito en todo el mundo y que por lo poco que recuerdo no me había parecido muy bueno. Será cuestión de volver a verlo. El segundo, altamente recomendado, fue Hilachas (Threads, 1984). Película semidocumental hecha por la BBC en la cual participaron científicos de todo el mundo como consultores, y que no es recomendable para un domingo a la tarde. Terrible. Y la tercera es la que nos ocupa ahora y que pertenece al género de animación.

Basada en un libro de Raymond Briggs, la acción se sitúa en vísperas de una inminente declaración de guerra entre occidente y la Unión Soviética. Jim y Hilda Bloggs son dos jubilados que viven en una casa de la campiña inglesa y que escuchan la noticia por la radio. Él decide seguir minuciosamente los pasos descritos en los folletos del gobierno para enfrentar los efectos de la bomba, incluso los más estúpidos: la construcción de un refugio con puertas de madera apoyadas en una pared, el uso de bolsas de papel como trajes antiradiación, y más. Mientras tanto su mujer continúa con las tareas domésticas y toma lo que hace su marido como si de la preparación de un picnic se tratara.

La única referencia que tiene Jim es lo sucedido durante la segunda guerra, y piensa en términos de las amenazas que aquella representaba. Cuando el viento nuclear sopla, nada de lo esperado ocurre. El horror ataca de manera lenta y silenciosa.

Videoclip del tema principal interpretado por David Bowie

La calidad de la animación ha sufrido el paso de los años. Hoy se notan mucho las imperfecciones en la combinación del 2D tradicional con tomas de miniaturas y las fotos animadas a modo de stop motion. Sin embargo lo que importa aquí es lo que se cuenta. Duele ver la ingenuidad de estos viejos que aún en el peor momento siguen destilando un optimismo inútil. La ayuda no aparece, la información brindada por el gobierno resulta insuficiente, y la ignorancia se convierte en una pistola apuntando a la cabeza.

La banda sonora fue compuesta por Roger Waters, pilar fundamental del mítico grupo Pink Floyd, y el fantástico tema de apertura está interpretado por David Bowie.

Estén preparados porque no abunda la acción. Esta debe ser una de las películas con más diálogos de la historia, así que adictos a los tiros y autos explotando, abstenerse.

Planteada como una durísima crítica a la guerra y a los gobiernos irresponsables, hace completo honor a su frase promocional: “...no es un cuento de hadas”.


¡ASÍ SÍ!: Te deja pensando y sufriendo.

¡ASÍ NO!: Animación con imperfecciones. Por momentos deseamos que la radiación disuelva la lengua de los viejitos... para que se callen un segundo!!




Ficha IMDB

1 comentarios:

Anónimo dijo...

La vi dos veces para colmo de males. No voy a decir que era mala porque no lo era. Pero que si la ves un día con un cachito de depresión te pegas un tiro, te lo garantizo.