jueves, 3 de diciembre de 2009

Ink (2009)

Hay películas que se atreven a romper moldes sin importar las consecuencias en la taquilla y sobre la opinión del público promedio, y eso es muy loable. Que resulten buenas, es otro tema. Con Ink me pasó que, durante los primeros 10 minutos, parecía estar ante LA película de la década. Transcurridos cuarenta, la sensación ya no estaba allí.

La historia parte revelando la existencia de dos grupos antagónicos que habitan en un universo paralelo y que se materializan mientras la humanidad duerme. Están los buenos, que nos infunden esperanza y lindos sueños, y los malos, que se encargan de inocular pesadillas grotescas. Y en el medio, las almas que buscan ser aceptadas por uno u otro bando, y que deben cumplir determinadas pruebas a modo de “examen de ingreso”. Es el caso de Ink, un desgarbado personaje que secuestra el alma de Emma, una niña de 8 años, para entregarla como ofrenda al lado oscuro. Tarea que se complicará gracias a la labor de una “contadora de cuentos” y de sus compañeros.

Emma ignora que en pocos minutos será
el centro de una batalla interdimensional

Paralelamente se muestra el drama que vive el padre de la niña, un hombre presionado por su trabajo y por un pasado relacionado con Emma y la familia materna, y que no consigue resolver.

El fuerte del film está puesto en su fotografía y en la dirección de arte, aspectos que consiguen sumergirnos en un mundo onírico muy bien logrado. Otro de los aciertos lo constituye la galería de personajes que pueblan ese universo, de rasgos bien marcados y gran potencial para iniciar una mitología por fuera de la película.

No se confundan, no es un político cagándose de risa de nosotros.
Aunque luzcan igual de malvados, éste es un incubus, un ser
mucho más inofensivo que los engendros que nos gobiernan

El problema se manifiesta cuando la historia avanza, y la información necesaria para involucrarnos con ella aparece fragmentada y a destiempo. Y aunque finalmente se entiende muy bien lo que ocurre, esta forma de narrar conspira contra el interés del espectador. Con la música sucede algo indeseado también. De la banda sonora puede decirse que resulta fundamental al principio, pero su uso y abuso termina quemando unas cuantas neuronas que a la larga añoraremos.

Yo también quiero cerca una contadora
de cuentos como Jessica Duffy, ejem.

Hay buenas ideas, como el método utilizado para abrir las brechas dimensionales y elegir a qué sitio saltar, o los sarcásticos rostros digitales de los malos. Y otras “inspiradas” en películas como “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos” y “Silent Hill” al momento de elegir cómo mostrar los universos paralelos. Incluso los trajes de los “incubus” remiten más o menos a los utilizados por los cenobitas de la saga “Hellraiser”.

Cenobita a la izquierda (Pinhead), y un Incubus
a la derecha. El parecido está a la vista.


Trailer oficial

Ink tiene el potencial para transformarse en una pieza de culto, a pesar de los defectos mencionados y de que, por momentos, los actores parecen estar interpretando una obra de teatro caótica e improvisada que no convence (como durante la lucha del hospital, por ejemplo). El tiempo dirá si consigue adeptos incondicionales. Hoy por hoy, no contarían conmigo.

¡ASÍ SÍ!: Interesante fábula sobre niños sin afecto y padres ausentes.


¡ASÍ NO!: Recurre a una forma de narrar arriesgada, que no funciona demasiado bien.


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