lunes, 3 de noviembre de 2008

Viaje al centro de la Tierra 3D (Journey to the Center of the Earth - 2008)


Se nota que el director, Eric Brevig, era antes de esta película un especialista en efectos especiales. Porque es lo único medianamente convincente que obtendremos de ella. Puesto todo el empeño en probar nueva tecnología estereoscópica ( se utilizó una innovadora cámara 3D preparada para grabar en tiempo real en ese formato), se olvidó de darle vida a la historia.

Ni el carismático Brendan Fraser luce lo suficientemente simpático como para sostener una historia simplona, donde los diálogos son tontos y las situaciones una simple excusa para mostrar los efectos en 3D. Y que no alcanzan la excelencia de un Jurassic Park, cabe acotar.

Trevor es un arqueólogo especializado en vulcanología no tradicional. Diez años atrás perdió a su hermano cuando realizaba una incursión en las profundas cuevas de Islandia. Frente a unas inusuales señales sísmicas decide seguir sus pasos, llevando a regañadientes a su sobrino de 13 años. Trevor es un “verniano”, alguien que cree que Julio Verne escribió su famosa novela basado en experiencias reales, y las anotaciones de su hermano que encuentra en un ejemplar del libro parecen darle la razón.

Ya en Islandia se pone en contacto con la belleza de turno, hija de un famoso profesor también de extracción verniana. La chica se ofrece como guía para recuperar uno de los artefactos medidores de sismos, ubicado en la base del volcán que el profesor Lidenbrock usara en el libro para iniciar el viaje al centro de la Tierra. Tormenta eléctrica mediante, los tres terminan encerrados en una cueva conectada a una antigua mina abandonada. Y antes de que contemos hasta tres, arqueólogo, sobrino y guía llegan al fantástico mundo habitado por bichos extraños y plantas mortales.



La película no es muy extensa, por lo que no hay que esperar demasiadas criaturas antediluvianas. Un tiranosaurio, algunas criaturas marinas de cuello largo, pirañas prehistóricas, pajaritos fosforescentes...

Brevig, que trabajó en los efectos de Men in Black, Pearl Harbor y El día después de mañana, ofrece una película con momentos de buena acción, pero que no generan demasiado interés. Pensada sin disimulo para un público infantil, no transmite el espíritu de la verdadera aventura como lo conseguía la versión interpretada por James Mason de 1959. Parece más un niño preocupado por usar su juguete nuevo que un director interesado en contar una buena historia de aventuras.

Esperemos que la continuación sugerida al final mejore el resultado.


¡ASÍ SÍ!: Entretiene.

¡ASÍ NO!: Pero lo hubiera hecho más si hubiesemos tenido salas digitales. En Argentina no hay, por lo que el 3D sólo quedó en el cartel. Compendio de situaciones salidas del manual “Cómo hacer una película robando ideas de todos lados y que ya cansan”.



Ficha IMDB

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