jueves, 28 de enero de 2010

Dead Snow (2009)

Reunamos un grupo de chicas bonitas, muchachos que creen llevarse el mundo por delante, y un fanático de films de terror que agota nombrando clásicos del género. Todos, por supuesto, en busca de sexo, algunos más, otros menos. Si les preguntase a ustedes por la locación donde este grupo decide vacacionar, y contando sólo con los datos que acabo de arrojarles, seguro me dirán un campamento o una cabaña en algún lugar perdido de los USA en plena temporada estival. Pues no. Los ingredientes son los de una típica cinta estadounidense, es cierto, pero quienes deciden tomarlos prestados viven muy lejos, en la remota Noruega. Y aunque la cabaña está, el lugar elegido es una aislada montaña cubierta de nieve, visitada por unos jóvenes que no hablan una palabra de inglés.

Poco y nada sabemos de los involucrados en esta comedia de horror. El elenco es totalmente desconocido, y su director, Tommy Wirkola, fue el director de una parodia barata pero exitosa de Kill Bill llamada Kill Buljo, y protagonizada por un hombre. En Død Snø incursiona en el gore cómico con unos zombies muy particulares.


Siete estudiantes de medicina arriban a una remota cabaña en plenas montañas de Oksfjord con intenciones de despejarse un poco y practicar deportes de invierno. Lo que ignoran es que ese remoto océano de nieve está custodiado por un ejército de nazis zombies. Criaturas que buscan algo desde hace tiempo y que, por desgracia, cae en manos de este grupo de veinteañeros desprevenidos.


Así de simple, y así de poco original. El tema de los muertos vivos con esvásticas no es para nada nuevo, y ha sido tratado en muchos films, ya sea de manera “seria” (Shock waves, 1977, con el gran Peter Cushing) o en tono de broma (Surf Nazis Must Die, 1987). No obstante, siempre que haya algo novedoso para aportar, bienvenida sea una nueva película. Y en Dead Snow esto se consigue... a medias.


Wirkola demostró en este film no saber resolver con solvencia la generación de un clima de tensión. Hasta que los nazis cadavéricos deciden salir a la luz del sol a hacer de las suyas, pasan unos interminables 40 minutos donde los personajes hacen tonteras sin importancia. Las pistas que va sembrando y algunas muertes que se suceden como para calentar la historia apenas crean interés: todo parece calcado de decenas de films que el director debe guardar con cariño en su dvdteca.


Es luego de esta soporífera introducción donde este muchacho despierta al espectador con una cachetada visual que ofrece, hasta el final del film, una secuencia tras otra del más sanguinario y divertido gore. Donde la factura técnica es impecable, aunque hay que decirlo, el aspecto de los zombies no haya convencido a muchos. Cercenamientos varios, amputaciones y hasta cuerpos partidos logran recuperar el tiempo perdido, mientras soltamos risas y esquivamos los litros de sangre que escapan de los mismos muertos vivos. El adicto a este tipo de películas encontrará varios homenajes a los clásicos y que hacen la experiencia más “sabrosa”.


Se podría haber caído fácilmente en el tópico de ridiculizar a los nazis, como sucede habitualmente. Por suerte aquí eso no ocurre. En todo momento se muestran amenazantes, veloces, implacables.

En contra hay que decir que hay muchas incoherencias, como la del médico que le teme a la sangre pero que ni se mosquea cuando se defiende en medio de una catarata de jugos hemoglobínicos. También los jóvenes pasan a la acción con mucha determinación, siendo que minutos antes estaban aterrados. En fin, detalles que se perdonan en pos de la diversión.

Trailer

Por venir de un país con poca tradición en el género, el film está muy bien. Sólo falta que la próxima vez se animen a soltarle la mano a sus papás del norte de América y fluyan al ritmo de sus propias hemorragias. Y atención mañana: en este mismo blog, el videoclip que promocionó la película. Imperdible.


¡ASÍ SÍ!: Se nota cierta fijación del director por los intestinos, consiguiendo los mejores gags con esta noble porción del cuerpo humano.


¡ASÍ NO!: Los cuarenta minutos iniciales, que pueden aprovechar los impresionables para comer una pizza sin atragantarse.




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