miércoles, 6 de enero de 2010

Avatar (2009)

Tanto misterio, tanta espera, y la fecha de estreno por fin llegó. Luego de grandilocuentes declaraciones (que fue gestada hace más de una década, que costó 300 millones de dólares, que insumió cuatro años y medio de intenso trabajo y hermetismo) y de polémicas varias (incluída una proyección anticipada de 15 minutos que sirvió para que muchos críticos y blogueros la destruyeran prematuramente), hoy podemos juzgar la obra en su totalidad. Reconozco que no fuí con muchas expectativas. Y volví más que satisfecho.

La historia, como era de esperar, es lo más débil de la película. Lleno de lugares comunes y copias varias, el film no es revolucionario precisamente por su guión. Traslademos la historia de Pocahontas o Danza con Lobos al espacio, y tenemos Avatar. Sintéticamente: colonizador que se enamora de una nativa y de su cultura y termina luchando contra su propia gente. Así de sencilla, así de poco original.


Corre el año 2154. Los terrestres llegan al planeta Pandora buscando explotar un mineral que vale millones. Sus habitantes, unos seres enormes de color azul llamados na’vis, se oponen por supuesto a que sus selvas sean derribadas con tal fin. Para tratar de convencerlos está la doctora Grace Augustine (Sigourney Weaver), una botánica que intenta establecer vínculos amistosos con los nativos para que la cosa no llegue a mayores. Pero por si todo falla, están los militares, comandados por el Coronel Quaritch (Stephen Lang), con sus misiles listos para persuadirlos por las malas.


En medio de esta situación cae Jake Sully (Sam Worthington), un marine paralítico que formará parte de los experimentos de la doctora Augustine. Los mismos consisten en pasar su mente al cuerpo de un na’vi creado geneticamente (el avatar del título). De esta manera deberá infiltrarse en una tribu y ganar la confianza de los nativos. Pero como no olvida su condición de marine, jugará a dos bandas y proporcionará valiosa información a Quaritch para que éste planifique su invasión.


Lo que sigue es tan predecible que ni lo considero sopa fría. SPOILER INOFENSIVO: Sully, o mejor dicho su avatar, se pierde en la selva. Es salvado del ataque de unos sabuesos alienígenas por Neytiri, una muchacha que lo ve como a un elegido y lo lleva a su tribu. La “chica” es más importante de lo que parece, tiene un pretendiente que se pondrá muy celoso, y todos viven adivinen dónde: sobre el mayor yacimiento de mineral del planeta. El intruso se enamorará de la chica, que lo verá como traidor cuando las fuerzas militares ataquen, y a la que convencerá de unir fuerzas finalmente para defender su planeta de los terrícolas. FIN SPOILER INOFENSIVO.


Dos apreciaciones puntuales antes de pasar a lo técnico: hay historia de amor, por supuesto. Cursi, pero que no molesta como en Titanic ya que aquí llegamos a creernosla (aunque en más de una oportunidad pensemos que estamos ante una de Disney). Con respecto a los malos (léase los uniformados), la cosa no sale tan beneficiada. Ya sabemos que los militares con motivaciones colonialistas (y los políticos que los dirigen) son una sarta de idiotas. Pero reflejarlos tal cual en la pantalla, por millonésima vez, le quita credibilidad a la historia. Esperamos malos un poco más interesantes, que no hablen como los integrantes de Gran Hermano ni se comporten como salidos de un dibujito animado para niños descerebrados.

Dicho esto ustedes pensarán: “éste Klaatu va a destrozar a la película”. Pero no. Si son capaces de aceptar las reglas de juego planteadas, se van a encontrar con un espectáculo de primer nivel. Y con un Cameron que no perdió el pulso para la acción. A pesar de algunas quejas leídas por allí sobre supuestos puntos muertos, el film no me aburrió en ningún momento (y eso que estamos hablando de 162 minutos sin despegar los cachetes del asiento). Sobre todo el film gana porque equilibra la balanza hacia el lado de las experiencias del protagonista en la selva, y no tanto en el entorno humano.


Creativamente, Pandora y sus criaturas no serán demasiado originales (los Na’vi viven en un árbol gigantesco, las rocas flotantes las hemos visto en infinidad de ilustraciones, los animales salvajes tienen demasiados rasgos reconocibles de la realidad y de otras películas), pero recreadas en este contexto toman una nueva dimensión que deslumbra.


Soy de los que criticó desde un principio el aspecto físico de los gigantes azules. Había algo en esos monigotes anoréxicos que me molestaba: tal vez su aspecto caricaturesco al sonreir, sus pies enormes, quien sabe. Pero el trabajo realizado por el equipo de efectos especiales es tan impresionante que toda crítica pasa a un segundo plano. Gollum representó en su momento un importantísimo avance en la técnica de captura de movimiento. En Avatar, dicha técnica es llevada a un nivel superior, sorprendente. Si la integración de las criaturas con el medio ambiente y su interacción con los humanos están muy bien logradas, más lo está la gestualidad de sus rostros. Perfectos, con cálidas miradas pocas veces vistas (los ojos son uno de los grandes problemas de la animación 3d ya que casi nunca lucen realistas). A los pocos minutos se pierde la noción de que estamos contemplando criaturas generadas por computadora. ¿Dije Gollum? Pues no es casualidad, ya que la empresa detrás de esa criatura y los avatares es la misma: Weta Digital, de Peter Jackson.


Para conseguir el efecto 3D estereoscópico del film, Cameron usó un sistema de dos cámaras de alta definición y una convencional denominado RCS (Reality Camera System), patentado a su nombre y al de Vince Pace. El resultado: un efecto inmersivo inédito de altísima calidad fotográfica.

Cómo se realizó la captura de movimiento

Cameron consiguió explotar el efecto 3D muchísimo mejor que Zemeckis en Scrooge. No es un sistema perfecto aún: cuando hay mucho movimiento de cámara la tridimensionalidad se pierde y hasta puede provocar mareos (coa que no provocan los subtítulos, a pesar de lo que se dice por ahí). Pero en Avatar, salvo estas excepciones, está presente casi todo el tiempo y de manera imponente. Por suerte James evitó utilizar el típico recurso de arrojar objetos sobre la platea a cada rato, demostrando una madurez que se agradece.


Donde el recurso estalla y demuestra todo su potencial es en la batalla final. Una lucha en principio desigual, entre naves cargadas de misiles y nativos con arcos y flechas. Un enfrentamiento épico que nada tiene que envidiarle al Señor de los Anillos en grandilocuencia, aquí potenciado por el 3D. Y cuya espectacularidad no sorprende si pensamos que esta secuencia, de poco más de media hora que quita la respiración, es producto de la colaboración entre Cameron y Jackson.

Trailer extendido

En síntesis: pobre historia con doble mensaje. Uno fuertemente ecológico, y otro, el antibelicista de moda (reemplacemos al mineral por el petróleo, a los na’vi por los iraquíes, y al Coronel Quaritch por Bush para hacer la analogía más actual). Mensaje que lamentablemente vende un final que no se refleja en la realidad (después de todo, es una simple ficción, ¿no?) . Pero por otro lado el film brinda lo que promete, imágenes deslumbrantes y emociones vertiginosas con un Cameron que se copia a sí mismo pero que no defrauda. Tenía media neurona en duda, pero nivelo para arriba porque el espectáculo es grandioso, y porque más allá de lo técnico me mantuvo atento.

Datito extra: podría haber sido uno de los mayores fracasos comerciales de la historia del cine. Pero el film la está rompiendo en todo el mundo. Según Reuters, a 17 días de su estreno había recaudado 352 millones de dólares, superando su costo.



¡ASÍ SÍ!: Entretenida, sorprendente, visualmente impactante.


¡ASÍ NO!: ¿14 años para escribir este guión?





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