jueves, 4 de junio de 2009

Anteojito y Antifaz, mil intentos y un invento (1972)

A pesar de la edad de la película (mi mente se niega a calcular los años), si le hablamos de Anteojito a los adolescentes que rozan los 20, no nos harán sentir como viejos ch... chalados. Y es que la revista que llevaba su nombre fue publicada desde 1964 hasta el 2001, cuando la crisis que arrasó Argentina y un formato que no supo adaptarse al nuevo siglo (a diferencia de lo hecho por su competidora Billiken), acabaron con ella.

Anteojito, como Mafalda, surgió como una campaña publicitaria en los 60´s. Pero en este caso no vino de la gráfica sinó de la tv. El creador de este niño de 8 años que vivía con su tío Antifaz fue Manuel García Ferré, un español nacido en 1929 y radicado en argentina desde los 17 años, y a quien hace muy poco pudimos escuchar en un reportaje que le hicieron en Crónica TV, insultante, bochornoso, en donde la producción y su conductora se hicieron merecedores de 100 latigazos por lo desinformados que estaban.


En fin, la película que hoy nos convoca ha quedado en la historia como el primer largometraje argentino en colores. Tres años de trabajo y más de 70 personas trabajando a pulmón dieron lugar a una película que, muy a pesar mío, no terminó siendo la maravilla que uno esperaba.


La historia relata los intentos fallidos de Antifaz para crear la fórmula de la invisibilidad. Su sobrino Anteojito saldrá a buscar trabajo para conseguir el dinero que ayude a Antifaz a concluir los experimentos. Pero el destino lo enfrentará a dos aprovechadores, Bodega y Rapiño, que explotarán sus dotes de cantante. De esta manera lo harán famoso y lo llevarán alrededor del mundo, pero la ambición envenenará a Anteojito, y así se olvidará de su tío y exigirá más dinero para sus bolsillos.


La película tiene muchos altibajos. Hasta que Anteojito se topa con Bodega y empieza su carrera artística, somos testigos de una sucesión de acontecimientos que despiertan poco interés y que no ayudan a vislumbrar el rumbo del film. Lo que sigue después mejora, pero no mucho. La ingenuidad que a veces roza lo tonto, las canciones poco pegadizas, y un ritmo algo lento, hacen que se note demasiado el paso del tiempo. Y ojo que no hablo de la calidad de la animación, que para la época y el trabajo que requirió está muy bien.


Como era costumbre en las historias de Ferré, no faltan los golpes bajos para lograr la lágrima con niños enfermos o huérfanos.

Otra de las cosas que no ayudan es la elección de los personajes. A los dos protagonistas debemos sumarle una bruja Cachavacha muy desaprovechada, y aquí se acaban los conocidos. El resto, como los años lo demostraron, no llegaron a trascender por su escaso carisma o por parecerse demasiado a otros.


Lamento realmente que el balance no sea positivo, pero por el valor nostálgico que tiene voy a ser menos duro con la calificación.

En el 2001 se reestrenó modificando la edición y la banda sonora, remasterizada y con sonido Dolby Stereo, para adecuarla a los tiempos modernos.

“¡Intríngulis-Chíngulis! ¡Uh! ¡Uh! ¡Uh!”


¡ASÍ SÍ!: Sin dudas lo mejor es la historia que cuenta el banco de la plaza, y las voces de Pelusa Suero ¡maestro!.


¡ASÍ NO!: Las voces de Pelusa Suero (no es una contradicción): uno de los personajes tiene la misma voz de Largirucho!!!






Un blog altamente recomendado dedicado al mundo de García Ferré es el de Omarcito. A visitarlo.

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