miércoles, 22 de febrero de 2012

2x1 : Apolo 18 (2011) / Arrietty y el mundo de los diminutos (2010)

El 2x1 presenta comentarios breves de películas que no pude reseñar en su momento, o que no merecen análisis extensos, pero sobre las que quiero emitir una opinión.


Apolo 18 (Apollo 18, 2011)

La historia: Éstas son las filmaciones de la última misión tripulada a la Luna, acontecida en diciembre de 1973, y mantenida en secreto al mundo debido a lo hallado por los astronautas en el satélite: una entidad viviente cuyo plato favorito son los seres humanos.

Opinión: Un falso documental que hubiese sido bien recibido diez años atrás, pero que hoy ya no sorprende ni entretiene. Pueden rescatarse algún par de momentos, pero el resto es soporífero. La idea resultaba muy atractiva y personalmente esperaba una historia claustrofóbica con sutiles toques de horror. Pero la realidad fue otra: me encontré con una película que no tarda en volverse repetitiva, donde se muestra muy poco y la acción avanza en cámara lenta. Poco es lo que pueden hacer dos astronautas en un ambiente tan limitado como una cápsula lunar y un terreno desolado si son conducidos por un guionista y un director sin ideas claras.


Así sí: Una premisa interesante que aleja los falsos documentales de las casas embrujadas

Así no: Recomendada para insomnes sin remedio que busquen conciliar el sueño.







Arrietty y el mundo de los diminutos (Kari-gurashi no Arietti, 2010)

La historia: Arrietty es una jovencita de apenas unos centímetros de altura y que vive con sus padres en el subsuelo de una casa de campo, fuera de la mirada de los seres humanos. Sho, un niño con problemas cardíacos y a punto de operarse, la descubre durante una de sus incursiones por el jardín. A partir de allí entablarán una entrañable amistad, a pesar de las oscuras intenciones de la ama de llaves que odia a los seres diminutos.

Opinión: El estudio Ghibli vuelve a regalarnos una maravilla de la animación tradicional en 2D. Basada en el libro “The Borrowers” de la escritora Mary Norton, publicado en la década del 50, la película sigue la línea de Ponyo y Totoro: historia sin estridencias que se detiene en los detalles para pintar con eficacia y pocas palabras una historia de amistad incondicional. Todo es precioso en esta película, desde la música con reminiscencias celtas de Cécile Corbel, hasta los escenarios cargados de detalles y que parecen cuadros. Esta vez Hayao Miyazaki se dedica sólo al guión y a la producción. La dirección estuvo a cargo del debutante Hirosama Yonebayashi, un joven digno de ese puesto y que anteriormente trabajó en producciones como La Princesa Mononoke, El Viaje de Chihiro y la mencionada Ponyo. Quienes estén acostumbrados a los films de Pixar y Dreamworks probablemente la encuentren lenta. En mi caso festejo que desde Japón sigan apostando a historias en donde lo importante pasa por el corazón de los personajes, y no por la velocidad a la que corran.


Así sí: Una delicia para los sentidos. Simple, encantadora, un Ghibli auténtico.

Así no: Lo único que podría reprochársele es que el estudio empieza a repetirse un poco. Y que Disney, dueña de los derechos en America, la mantiene encajonada para que no compita con sus producciones originales.



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