miércoles, 30 de junio de 2010

Leéte: Las ratas del cementerio (Henry Kuttner, 1936)


El viejo Masson, guardián de uno de los más antiguos y descuidados cementerios de Salem, sostenía una verdadera contienda con las ratas. Hacía varias generaciones, se había asentado en el cementerio una verdadera colonia de ratas enormes procedentes de los muelles. Cuando Masson asumió su cargo, tras la inexplicable desaparición del guardián anterior, decidió eliminarlas. Al principio colocaba cebos y comida envenenada junto a sus madrigueras; más tarde, intentó exterminarlas a tiros. Pero todo fue inútil.

Seguía habiendo ratas. Sus hordas voraces se multiplicaban e infestaban el cementerio. Eran grandes, aún tratándose de la especie de «decumagus», cuyos ejemplares miden a veces más de treinta y cinco centímetros de largo sin contar la cola pelada y gris. Masson las había visto hasta del tamaño de un gato; y cuando los sepultureros descubrían alguna madriguera, comprobaban con asombro que por aquellas malolientes galerías cabía sobradamente el cuerpo de una persona. Al parecer, los barcos que antaño atracaban en los ruinosos muelles de Salem debieron de transportar cargamentos muy extraños.

Masson se asombraba a veces de las extrañas proporciones de estas madrigueras. Recordaba ciertos relatos inquietantes que le habían contado antes de llegar a la vieja y embrujada ciudad de Salem. Eran relatos que hablaban de una vida larvaria que persistía en la muerte, ocultas en las olvidadas madrigueras de la tierra. Ya habían pasado los viejos tiempos en que Cotton Maher exterminara los cultos perversos y los ritos orgiásticos celebrados en honor de Hécate y de las siniestra Magna Mater. Pero todavía se alzaban las tenebrosas casas de torcidas buhardillas, de fachadas inclinadas y leprosas, en cuyos sótanos, según se decía, aún se ocultaban secretos blasfemos y se celebraban ritos que desafiaban tanto a la ley como a la cordura. Moviendo significativamente sus cabezas canosas, los viejos aseguraban que, en los antiguos cementerios de Salem, había bajo tierra cosas peores que gusanos y ratas.

En cuanto a estos roedores, ciertamente, Masson les tenía aversión y respeto. Sabía el peligro que acechaba en sus dientes afilados y brillantes. Pero no comprendía el horror que los viejos sentían por las casas vacías, infestadas de ratas. Había oído rumores sobre ciertas criaturas horribles que moraban en las profundidades de la tierra y tenían poder sobre las ratas, a las que agrupaban en ejércitos disciplinados. Según decían los ancianos, las ratas servían de mensajeras entre este mundo y las cavernas que se abrían en las entrañas de la tierra, muy por debajo de Salem. Y aún se decía que algunos cuerpos habían sido robados de las sepulturas con el fin de celebrar festines subterráneos y nocturnos. El mito de flautista de Hamelin era una leyenda que ocultaba, en forma de alegoría, un horror blasfemo; y según ellos, los negros abismos habían parido abortos infernales que jamás salieron a la luz del día.

Masson no hacía ningún caso de semejantes relatos. No fraternizaba con sus vecinos y, de hecho, hacía lo posible por mantener en secreto la existencia de las ratas. De conocerse el problema quizá iniciasen una investigación, en cuyo caso tendrían que abrir muchas sepulturas. Y en efecto, hallarían ataúdes perforados y vacíos que atribuirían a las actividades de las ratas. Pero descubrirían también algunos cuerpos con mutilaciones muy comprometedoras para Masson.

Los dientes postizos suelen hacerse de oro puro, y no se los extraen a uno cuando muere. Las ropas, naturalmente, son harina de otro costal, porque la compañía de pompas fúnebres suele proporcionar un traje de paño sencillo, perfectamente reconocible después. Pero el oro no lo es. Además, Masson negociaba también con algunos comerciantes de medicina y médicos pocos escrupulosos que necesitaban cadáveres sin importarles demasiado su procedencia.

Hasta entonces, Masson se las había arreglado muy bien para que no se iniciase una investigación. Había negado ferozmente la existencia de las ratas, aún cuando algunas veces éstas le hubiesen arrebatado el botín. A Masson no le preocupaba lo que pudiera suceder con los cuerpos, después de haberlos expoliado, pero las ratas solían arrastrar el cadáver entero por un boquete que ellas mismas roían en el ataúd. El tamaño de esos agujeros tenía a Masson asombrado. Por otra parte, se daba la circunstancia de que las ratas horadaban siempre los ataúdes por uno de los extremos, y no por lados. Parecía como si las ratas trabajasen bajo la dirección de algún guía dotado de inteligencia.

Ahora se encontraba ante una sepultura abierta. Acababa de quitar la última paletada de tierra húmeda y de arrojarla al montón que había formado a un lado. Desde hacía varias semanas, no paraba de caer una llovizna fría y constante. El cementerio era un lodazal de barro pegajoso, del que surgían las mojadas lápidas en formaciones irregulares. Las ratas se habían retirado a sus agujeros; no se veía ni una. Pero el rostro flaco y desgalichado de Masson reflejaba una sombra de inquietud. Había terminado de descubrir la tapa de un ataúd de madera. Hacía varios días que lo habían enterrado, pero Masson no se había atrevido a desenterrarlo antes. Los parientes del fallecido venían a menudo a visitar su tumba, aún lloviendo. Pero a estas horas de la noche, no era fácil que vinieran, por mucho dolor y pena que sintiesen. Y con este pensamiento tranquilizador, se enderezó y echó a un lado la pala.

Desde la colina donde estaba situado el cementerio, se veían parpadear débilmente las luces de Salem a través de la lluvia pertinaz. Sacó la linterna del bolsillo porque iba a necesitar luz. Apartó la pala y se inclinó a revisar los cierres de la caja.

De repente, se quedó rígido. Bajo sus pies había notado un rebullir inquieto, como si algo arañara o se revolviera dentro. Por un momento, sintió una punzada de terror supersticioso, que pronto dio paso a una rabia furiosa, al comprender el significado de aquellos ruidos. ¡Las ratas se habían adelantado otra vez! En un rapto de cólera, Masson arrancó los cierres del ataúd. Metió el canto de la pala bajo la tapa e hizo palanca, hasta que pudo levantarla con las dos manos. Luego encendió la linterna y la enfocó al interior del ataúd. La lluvia salpicaba el blanco tapizado de raso; el ataúd estaba vacío. Masson percibió un movimiento furtivo en la cabecera de la caja y dirigió hacia allí la luz. El extremo del sarcófago había sido horadado, y el boquete comunicaba con una galería, al parecer, pues en aquel mismo momento desaparecía por allí, a tirones, un pie fláccido enfundado en su correspondiente zapato. Masson comprendió que las ratas se le habían adelantado, esta vez, sólo unos instantes. Se dejó caer a gatas y agarró el zapato con todas sus fuerzas. Se le cayó la linterna dentro del ataúd y se apagó de golpe. De un tirón, el zapato le fue arrancado de las manos en medio de una algarabía de chillidos agudos y excitados. Un momento después, había recuperado la linterna y la enfocaba por el agujero.

Era enorme. Tenía que serlo; de lo contrario, no habrían podido arrastrar el cadáver a través de él. Masson intentó imaginarse el tamaño de aquellas ratas capaces de tirar del cuerpo de un hombre. De todos modos, él llevaba su revólver cargado en el bolsillo, y esto le tranquilizaba. De haberse tratado del cadáver una persona ordinaria, Masson habría abandonado su presa a las ratas, antes de aventurarse por aquella estrecha madriguera; pero recordó los gemelos de sus puños y el alfiler de su corbata, cuya perla debía ser indudablemente auténtica, y, sin pensarlo más, se prendió la linterna al cinturón y se metió por el boquete. El acceso era angosto. Delante de él, a al luz de la linterna, podía ver como las suelas de los zapatos seguían siendo arrastradas hacia el fondo del túnel de tierra. También el trató de arrastrase lo más rápidamente posible, pero había momentos en que apenas era capaz de avanzar, aprisionado entre aquellas estrechas paredes de tierra.

El aire se hacía irrespirable por el hedor de la carroña. Masson decidió que, si no alcanzaba el cadáver en un minuto, volvería para atrás. Los temores supersticiosos empezaban a agitarse en su imaginación, aunque la codicia le instaba a proseguir. Siguió adelante, y cruzó varias bocas de túneles adyacentes. Las paredes de la madriguera estaban húmedas y pegajosas. Por dos veces oyó a sus espaldas pequeños desprendimientos de tierra. El segundo de éstos le hizo volver la cabeza. No vio nada, naturalmente, hasta que enfocó la linterna en esa dirección.

Entonces vio varios montones de barro que casi obstruían la galería que acababa de recorrer. El peligro de su situación se le apareció de pronto en toda su espantosa realidad. El corazón le latía con fuerza sólo de pensar en la posibilidad de un hundimiento. Decidió abandonar su persecución, a pesar de que casi había alcanzado el cadáver y las criaturas invisibles que lo arrastraban. Pero había algo más, en lo que tampoco había pensado: el túnel era demasiado estrecho para dar la vuelta. El pánico se apoderó de él, por un segundo, pero recordó la boca lateral que acababa de pasar, y retrocedió dificultosamente hasta que llegó a ella. Introdujo allí las piernas, hasta que pudo dar la vuelta. Luego, comenzó a avanzar precipitadamente hacia la salida, pese al dolor de sus rodillas magulladas.

De súbito, una punzada le traspasó la pierna. Sintió que unos dientes afilados se le hundían en la carne, y pateó frenéticamente para librarse de sus agresores. Oyó un chillido penetrante, y el rumor presuroso de una multitud de patas que se escabullían. Al enfocar la linterna hacia atrás, dejó escapar un gemido de horror: una docena de enormes ratas le miraban atentamente, y sus ojillos malignos brillaban bajo la luz. Eran unos bichos deformes, grandes como gatos. Tras ellos vislumbró una forma negruzca que desapareció en la oscuridad. Se estremeció ante las increíbles proporciones de aquella sombra apenas vista.

La luz contuvo a las ratas durante un momento, pero no tardaron en volver a acercarse furtivamente. Al resplandor de la linterna, sus dientes parecían teñidos de un naranja oscuro. Masson forcejeó con su pistola, consiguió sacarla de su bolsillo y apuntó cuidadosamente. Estaba en una posición difícil. Procuró pegar los pies a las mojadas paredes de la madriguera para no herirse. El estruendo del disparo le dejó sordo durante unos instantes. Después, una vez disipado el humo, vio que las ratas habían desaparecido. Se guardó la pistola y comenzó a reptar velozmente a lo largo del túnel. Pero no tardó en oír de nuevo las carreras de las ratas, que se le echaron encima otra vez. Se le amontonaron sobre las piernas, mordiéndole y chillando de manera enloquecedora. Masson empezó a gritar mientras echaba mano a la pistola. Disparó sin apuntar, de suerte que no se hirió de milagro. Esta vez las ratas no se alejaron demasiado. No obstante, Masson aprovechó la tregua para reptar lo más deprisa que pudo, dispuesto a hacer fuego a la primera señal de un nuevo ataque. Oyó movimientos de patas y alumbró hacia atrás con la linterna. Una enorme rata gris se paró en seco y se quedó mirándole, sacudiendo sus largos bigotes y moviendo de un lado a otro, muy despacio, su cola áspera y pelada. Masson disparó y la rata echó a correr.

Continuó arrastrándose. Se había detenido un momento a descansar, junto a la negra abertura de un túnel lateral, cuando descubrió un bulto informe sobre la tierra mojada, un poco más adelante. De momento, lo tomó como un montón de tierra desprendido del techo; luego vio que era un cuerpo humano. Se trataba de una momia negruzca y arrugada, y Masson se dio cuenta, preso de un pánico sin límites, de que se movía.

Aquella cosa monstruosa avanzaba hacia él y, a la luz de la linterna, vio su rostro horrible a muy poca distancia del suyo. Era una calavera casi descarnada, la faz de un cadáver que ya llevaba años enterrado, pero animada de una vida infernal. Tenía unos ojos vidriosos, hinchados y saltones, que delataban su ceguera, y, al avanzar contra Masson, lanzó un gemido plañidero y entreabrió sus labios pustulosos, desgarrados en una mueca de hambre espantosa. Masson sintió que se le helaba la sangre. Cuando aquel Horror estaba ya a punto de rozarle. Masson se precipitó frenéticamente por la abertura lateral. Oyó arañar en la tierra, justo a sus pies, y el confuso gruñido de la criatura que la seguía de cerca. Masson miró por encima del hombro, gritó y trató de avanzar desesperadamente por la estrecha galería. Reptaba con torpeza; las piedras afiladas le herían las manos y las rodillas. El barro le salpicaba en los ojos, pero no se atrevió a detenerse ni un segundo. Continuó avanzando a gatas, jadeando, rezando y maldiciendo histéricamente.

Con chillidos triunfales, las ratas se precipitaron de nuevo sobre él con una horrible voracidad pintada en sus ojillos. Masson estuvo a punto de sucumbir bajo sus dientes, pero logró desembarcarse ellas: el pasadizo se estrechaba y, sobrecogido por el pánico, pataleó, gritó y disparó hasta que el gatillo pegó sobre una cápsula vacía. Pero había rechazado las ratas. Observó entonces que se hallaba bajo una piedra grande, encajada en la parte superior de la galería, que le oprimía cruelmente la espalda. Al tratar de avanzar notó que la piedra se movía, y se le ocurrió una idea: ¡Si pudiera dejarla caer, de forma que obstruyese el túnel!

La tierra estaba empapada por el agua de la lluvia. Se enderezó y se puso a quitar el barro que sujetaba la piedra. Las ratas se aproximaban. Veía brillar sus ojos al resplandor de la linterna. Siguió cavando, frenético, en la tierra. La piedra cedía. Tiró de ella y la movió de sus cimientos. Se acercaban la ratas... Era el ejemplar que había visto antes. Gris, leprosa, repugnante, avanzaba enseñando sus dientes anaranjados. Masson dio un último tirón de la piedra y la sintió resbalar hacia abajo. Entonces reanudó su camino a rastras por el túnel. La piedra se derrumbó tras él, y oyó un repentino alarido de agonía. Sobre sus piernas se desplomaron algunos terrones mojados. Más adelante, le atrapó los pies un desprendimiento considerable, del que logró desembarazarse con dificultad. ¡El túnel entero se estaba desmoronando!

Jadeando de terror, Masson se desmoronaba mientras la tierra se desprendía tras él. El túnel seguía estrechándose, hasta que llegó un momento en que apenas pudo hacer uso de sus manos y sus piernas para avanzar. Se retorció como una anguila hasta que, de pronto, notó un jirón de raso bajo sus dedos crispados; y luego su cabeza chocó contra algo que le impedía continuar. Movió las piernas y pudo comprobar que no las tenía apresadas por la tierra desprendida. Estaba boca abajo. Al tratar de incorporarse, se encontró con que el techo del túnel estaba a escasos centímetros de su espalda. El terror lo descompuso.

Al salirle al paso aquel ser espantoso y ciego, se había desviado por un túnel lateral, por un túnel que no tenía salida. ¡Se encontraba en un ataúd vacío, al que había entrado por el agujero que las ratas habían practicado en su extremo! Intentó ponerse boca arriba, pero no pudo. La tapa del ataúd le mantenía inexorablemente inmóvil. Tomó aliento entonces, e hizo fuerza contra la tapa. Era inamovible, y aun si lograse escapar del sarcófago, ¿cómo podría excavar una salida a través del metro y medio de tierra que tenía encima?

Respiraba con dificultad. Hacía un calor sofocante y el hedor era irresistible. Era un paroxismo de terror, desgarró y arañó el forro acolchado hasta destrozarlo. Hizo un inútil intento por cavar con los pies en la tierra desprendida que le impedía la retirada. Si lograse solamente cambiar de postura, podría excavar con la uñas una salida hacia el aire... hacia el aire...

Una agonía candente penetró en su pecho; el pulso le dolía en los globos de los ojos. Parecía como si la cabeza se le fuera hinchando, a punto de estallar. Y de súbito, oyó los triunfales chillidos de las ratas. Comenzó a gritar, enloquecido, pero no pudo rechazarlas esta vez. Durante un momento, se revolvió histéricamente en su estrecha prisión, y luego se calmó, boqueando por falta de aire. Cerró lo ojos, sacó su lengua ennegrecida y se hundió en la negrura de la muerte, con los locos chillidos de las ratas taladrándole los oídos.

FIN


lunes, 28 de junio de 2010

Monty Python: El chiste más gracioso del mundo

A los ingleses no le dieron el tanto ante Alemania y quedaron afuera del mundial. Pero eso no les preocupa en absoluto. ¡Si con los Monty Python metieron el mejor gol de toda su historia!

El siguiente es uno de sus mejores sketchs, emitido el 5 de octubre de 1969, en el primer programa de Flying Circus titulado Whither Canada?.


sábado, 26 de junio de 2010

Capitán EO (Captain EO, 1986)

A un año de la muerte de Michael Jackson, este es el tributo de neuronamuerta. Podrá gustarles o no la personalidad del ex-morocho, incluso su música, pero hay que reconocerle que fue un tipo de enorme talento, y esas cosas deben aplaudirse.

Y para recordarlo les dejo este corto muy poco conocido y que, a pesar de lo tonto de su planteo, está lleno de curiosidades que lo hacen único. Para empezar, muestra a un Michael en lo mejor de su carrera. Fue encargado por Disney para ser proyectado en el Epcot Center, el parque temático ultra tecnológico de la empresa, y en 3D (con los viejos anteojos rojos y azules). Spielberg, por problemas creativos (aunque otros dicen que por exceso de trabajo), abandonó la dirección del proyecto, que terminó en manos de Francis Ford Coppola. Contó con el trabajo de Rick Baker (el genio del maquillaje de títulos como It`s Alive, Videodrome, An American Werewolf in London, Gorillas in the Mist, Planet of the Apes, y Hellboy entre otras), y la producción de George Lucas (las influencias de Star Wars, como verán, son notables). Finalmente, y en el papel de mala, tenemos a la reconocida actriz Anjelica Huston.

Se proyectó en Disneyland hasta el año 1997, aunque se reestrenó en febrero de 2010 como tributo a Jackson tras su muerte. Para la película se utilizaron las canciones "Another part of me" (luego incluido en el álbum Bad) y "We are here to change the world", creada expresamente para el corto.



Primera parte


Segunda parte


Y de regalo, el detrás de escena.

Parte 1

Parte 2

Parte 3


Y si alguien conserva los viejos anteojos de colores, acá van los enlaces para que disfruten de Captain EO en 3D. Yo aún no lo probé, así que esperos sus comentarios.

Parte 1
Parte 2

viernes, 25 de junio de 2010

La neurona te informa: extra extra

Más imágenes de The Last Airbender. Sinceramente deseo que Shyamalan nos sorprenda como director de películas de acción.













jueves, 24 de junio de 2010

La neurona te informa

Una chica con sorpresa
Estrenada ya en varios países del hemisferio norte, los hispanoparlantes deberemos esperar un tiempito más para disfrutar de Splice, la última película de Adrien Brody. La dirige Vincenzo Natali, un tipo que viene del storyboard, pero que ya dirigió otros films: Nothing (2003), Cypher (2002) y la excelente Cube (1997). Con muchos puntos en común con Species (1995), la historia cuenta cómo dos científicos mezclan el ADN de humanos y animales, dando lugar a una muchacha (Sarah Polley) con cola, patas de ave y alas. La produjo Guill
ermo del Toro.


Trailer




Los últimos grandes héroes
Silvester Stallone está como loco. A sus 64 años le agarró la nostalgia, el viejazo, o como quieran llamarle, y decidió juntar en una misma película a la mayoría de los íconos del cine de acción de los últimos 30 años. En The Expendables, película escrita en colaboración y dirigida por él mismo, vuelve sobre un tema bien retro y recontra quemado: el de un equipo de mercenarios que busca derrocar a un dictador sudamericano. Pero a pesar de semejante argumento, valdrá la pena ver en un mismo film al propio Stallone, Jason Statham, Jet Li, Dolph Lundgren, Eric Roberts, Steve Austin, Mickey Rourke, Bruce Willis y al mismísimo Arnold Schwarzenegger. Entre el escaso elenco femenino están Giselle Itié y Charisma Carpenter. En Argentina estrena el 26 de agosto, y el 13 del mismo mes en España.


Trailer




El enano no encuentra quien lo quiera
The Hobbit, la precuela del ultraexitoso El señor de los anillos, aún sigue sin director. Peter Jackson reclinó de entrada esa responsabilidad, limitándose a producirla y a escribir el guión. Luego fue Guillermo del Toro, quien tras dos años de sufrir los retrasos de MGM para comenzar con el rodaje, decidió bajarse del proyecto. Y ahora hizo lo mismo Neill Blomkamp, el director de la imprescindible District 9, que le dedicará todo su tiempo a Elysium, su próximo film de ciencia ficción. MGM, dueña de los derechos de esta obra de Tolkien, está al borde de la quiebra y parece ser que nadie quiere comprar el estudio para salvarlo de la bancarrota. Futuro negro para los fanáticos de la saga fantástica por excelencia, que en principio se filmaría en dos partes.

Jackson y Del Toro, antes de tirar el proyecto al diablo




Imágenes de The Last Airbender
De a poco se van conociendo algunas imágenes del último film de Night Shyamalan, adaptando la excelente serie de animación de Nickelodeon. “El Último Maestro del Aire” será la primera parte de una trilogía a cargo de Paramount Pictures, en colaboración con MTV Films y Nickelodeon Movies. Estrena el 22 de julio en Argentina, y el 6 de agosto en España.













Alergias que delatan
La noticia no es nueva: Robert Pattinsson, el carilindo protagonista de la saga Crepúsculo, reconoció en un arrebato de sincericidio que es alérgico a… las vaginas. La sesión fotográfica de la revista Details, que lo obligó a estar cinco horas rodeado de jóvenes mujeres con poca ropa, se transformó, según sus dichos, en una experiencia insoportable. Para que vayan sabiendo todas las fans que, como se aprecia en las siguientes fotos, pasaron noches enteras a la intemperie esperando por el estreno de Eclypse: con este muchacho no tienen la más mínima oportunidad.

PD: por ahí se comentó que el galancito cara de piedra dijo lo que dijo en tren de divertirse. Robert: hay bromas que nunca deben hacerse. Nunca.



martes, 22 de junio de 2010

Portadas de: Revista Eerie (parte 12)

Cover Art ken Kelly


Cover Art ken Kelly


Cover Art Jim Laurier


Cover Art Sanjulian


Cover Art Jim Laurier


Cover Art Enrich


Cover Art Enrich


Cover Art Penalva


Cover Art Bob Larkin


Cover Art Jim Laurier

domingo, 20 de junio de 2010

Momentos imborrables: El gran dictador (1940)

Una muestra de porqué Chaplin fue el más grande. Cómo no sabía qué escena elegir, opté por dejarles las tres. El discurso final, aunque por momentos peque de ingenuo, aún conmueve. Piensen, sobre todo, que la película data de 1940: la segunda guerra recién comenzaba y EEUU aún miraba para otro lado.






Discurso Fuït

Globo terráqueo

Discurso final

viernes, 18 de junio de 2010

Música: Te dejo por Puto (Bera)

Desbarrancamos. Definitivamente. Y yo que pensaba que con Günther iba a escandalizar sus cándidas neuronas. Acabo de escuchar esto por la televisión argentina y me dije: imposible no compartir este tema con ustedes. Ideal para levantar esa fiesta de viernes por la noche que amenaza con naufragar. La pechugona que nos deleita con tamaña pieza artística es una colombiana de nombre artístico Bera, y gracias a ella esta noche escucharemos su voz una y otra vez brotando de lo más profundo de nuestro subconciente... ¡Ah! Y encima a continuación el tema está repetido dos veces.



Música: Ding Dong Song (Günther, 2004)

Luego de un breve retiro vuelve Günther a este blog, exhibiendo su colita en un video con chicas que se tocan sin pudor. El tema fue compuesto en 1984 por la banda holandesa Phil & Company, y se llamaba simplemente Tralala. Dicen que en la presente versión, el bigotudo cantante quiso parodiar al eurodance alemán de los ochentas. ¿Lo habrá logrado? Júzguenlo ustedes mismos (si soportan cuatro minutos de repetitivos "tralala", "ding dong" y "oooo").






Letra(?):

Oooo, you touch my tralala. mmmm, my ding ding dong
la la la…
oooo, you touch my tralala
la la la…
mmmm, my ding ding dong
la la la…
Deep in the night i am looking for some fun,
deep in the night i am looking for some love,
deep in the night i am looking for some fun,
deep in the night i am looking for some…
You tease me- oh please me, i want you to be my love toy.
come near me- don’t fear me, i just can’t get enough of you boy.
Oooo, you touch my tralala.
la la la…
mmmm, my ding ding dong.
la la la…
mmmm, my ding ding dong.
uhh.
Deep in the night i am looking for some fun,
deep in the night i am looking for some love.
You tease me- oh please me, i want you to be my love toy.
come near me- don’t fear me, i just can’t get enough of you boy.
Oooo, you touch my tralala.
la la la…
mmmm, my ding ding dong.
la la la…
oooo, you touch my tralala.
la la la…
mmmm, my ding ding dong.
(ding ding dong) mmmm, my ding ding dong.
(ding ding dong) mmmm, my ding ding dong.
Oooo, you touch my tralala.
la la la…
mmmm, my ding ding dong.
oooo, you touch my tralala.
(ding ding dong)
oooo, you touch my tralala.
mmmm, my ding ding dong.

martes, 15 de junio de 2010

Figuritas: Encuentros cercanos... (sobre 6)

Para darle vida a los pequeños extraterrestres cabezones, se probó inicialmente con simios disfrazados. El resultado según el propio Spielberg fue desastroso ya que eran imposible de controlar. Finalmente los trajes fueron utilizados por un grupo de niñas de una escuela de ballet, coreografiadas por una especialista, con resultados más que satisfactorios.

El líder de los ETs, el flacucho que se sonríe antes de despedirse, fue una creacion de Carlo Rambaldi, el mismo que años más tarde daría forma al ET más famoso.