jueves, 23 de septiembre de 2010

Splice: experimento mortal (Splice, 2009)

Sin pena ni gloria pasó esta coproducción canadiense -francesa-estadounidense. Y es una lástima, porque a pesar de sus defectos el filme ofrece una inesperada historia que mezcla de manera poco convencional ciencia ficción y drama. Lo que en principio parecía otra de monstruos al estilo Especies, con una criatura sexy masticando gente por ahí, se revela enseguida como una historia centrada en conflictos humanos que rozan el más puro drama familiar.

Clive (Adrien Brody) y Elsa (Sarah Polley) son una pareja de científicos que realizan experimentos genéticos para una corporación internacional de dudosa ética. Crean nuevas formas de vida mezclando genes de diversas especies animales con el fin de obtener proteínas inexistentes en la naturaleza para el mercado farmacológico. Cuando están listos para combinar el material genético de animales y humanos, sus jefes no lo autorizan: priorizan la obtención de resultados inmediatos antes que la extensión de las investigaciones. A escondidas, sin embargo, continúan con sus experimentos y el resultado es DREN, una criatura que aceleradamente evoluciona de su forma indefinida a otra que mezcla curvas femeninas con características animales.


El director Vincenzo Natali (El Cubo, Cypher) encarrila la historia por el lado de la relación que se establece entre la pareja y su creación. Y lo hace de una manera más que convincente. Porque no sólo somos testigos de los cambios que sufre DREN (anagrama de NERD, el nombre de la multinacional, y no es broma), desde su asqueroso estado de gusano reptante hasta chica de tiernos y enormes ojos con apetito sexual. También vemos cómo Clive y Elsa reaccionan ante esta evolución, pasando del rechazo a la aceptación en el primer caso y viceversa y generando problemas maritales que desnudan problemáticas tan sensibles como el aborto, los celos y la infidelidad.


Las actuaciones se destacan gracias a que el argumento ofrece personajes de cierta profundidad, a pesar de que por momentos Brody se comporta como un adolescente más que como un científico rebelde, y eso desconcierta. Pero las palmas se las lleva Delphine Chanéac en su rol de la criatura en estado semiadulto. Ya de entrada, cuando aún se reduce a un CGI casi perfecto, el “engendrito” produce una ternura y compasión dignas del mejor Spielberg. Pero es la interpretación de esta actriz francesa de 31 años la que le suma intensidad, pasando de lo adorable a lo amenazante con una sola mirada.



El problema del film radica en la escasa atención que se le dedica a los personajes secundarios (apenas decorativos para que DREN descargue su ira), y en su tramo final, donde de pronto la trama se torna convencionalmente terrorífica. Las imágenes son de una belleza indiscutible, mérito de los directores de fotografía, pero la acción se apresura y el climax apenas convence. Un final que desluce una historia con buenas intenciones y que puede llegar a desilusionar a los ansían una de “sangre y tripas”.





¡ASÍ SÍ!: Creíbles cada uno de los gestos de esta “quimera”


¡ASÍ NO!: Desequilibrio entre el drama y el terror.




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