domingo, 18 de abril de 2010

Furia de Titanes (Clash of the Titans, 2010)

Fue la última película del gran Ray Harrihausen. Clash of the Titans, dirigida por Desmond Davis en 1981, marcó el fin de décadas de entrañables historias donde las criaturas animadas por el maestro del stop-motion hacían las delicias de grandes y chicos. Poco importaban los argumentos perfectos y los personajes bien definidos: la aventura simple y directa lo era todo, y el público de uno a cien años lo agradecía. Por eso, y en honor a tales recuerdos, las reservas del caso estaban más que justificadas. ¿Era necesaria esta película? ¿Estaría a la altura del clásico? ¿Soportaría la fórmula el paso del tiempo? Muchas incógnitas y tantas respuestas como espectadores hubieran. En mi caso, el balance resultó sorpresivamente satisfactorio.

La historia recrea de manera libre la leyenda de Perseo. Los humanos deciden renegar de los Dioses y dejar de rezarles, lo que pone en peligro la existencia de todo el Olimpo. El epicentro de semejante desafío es Argos, ciudad natal de la princesa Andrómeda. Zeus (Liam Neeson), enojado con la actitud de esta gente, le dá vía libre a su hermano Hades (Ralph Fiennes), rey del inframundo, para que los castigue sin piedad. En unos pocos días liberará al Kraken, el monstruo más monstruoso de todos los monstruos, para que la destruya. Lo único que detendrá la masacre es ofrecer en sacrificio a la hija del Rey, la ya mencionada Andrómeda, cuando la criatura emerja de las profundidades del océano. La única esperanza es Perseo (Sam Worthington), fruto de un desliz malintencionado entre Zeus y una humana, y que resulta ser un semidios que reniega de sus poderosos parientes paternos. Acompañado por una troupe de desparejas personalidades, iniciará un viaje hacia tierras peligrosas en busca de la fórmula que permita destruir al Kraken.

Perseo decide enfrentar su destino


Para los ansiosos anticipo que no falta casi ninguna de las criaturas del repertorio original: hay harpías, alacranes gigantes, brujas sin ojos, briosos caballos alados, y hasta un kraken más fiel a la criatura de la leyenda original (recordemos que en el film ochentero Harrihausen utilizaba a un primo-hermano del monstruo venusino de “20 Million Miles to Earth”). Se incluye un brevísimo homenaje a uno de los personajes de la primer versión, y que pondrá feliz a más de uno.


Una picadura que puede partirte en dos


Que es una historia plana, lineal y sin demasiada riqueza argumental, es cierto. Que los personajes tienen una construcción pobre y hasta casi inexistente (como en el caso de los dioses que comparten el Olimpo con Zeus), estamos de acuerdo. Que el objetivo central está puesto en encadenar una serie de escenas de acción con monstruos y otras criaturas desagradables, no hay dudas. Por eso muchos espectadores se sentirán defraudados y hasta acusarán bostezos repetidos. Pero otros, aquellos que crecieron devorando esas viejas películas de acción de los sábados y domingos por la tarde, o las nuevas generaciones que las hayan descubierto gracias a sus padres cinéfilos, saldrán con una sonrisa en los labios.


Hades mira con envidia a su hermano,
muy cómodo en el piso de arriba



Parecidas a la criatura de El laberinto del Fauno, las brujas
del 81 ya usaban el ojo en la palma de la mano


Porque a diferencia de otros estrenos recientes que apelan al revisionismo como forma de atraer “clientes” y suplir la falta de ideas, Furia de Titanes no traiciona: ofrece lo que el seguidor de este tipo de films espera. Una de acción como la de antes, y que mantiene intacto el espíritu de su predecesora.


El grupete a pleno, dando un paseíto en canoa por el inframundo


No es una gran película. Ni siquiera aporta novedades en cuanto a efectos especiales como pueden haberlo hecho Avatar o Alicia. Sin embargo transmite, con su simpleza y falta de pretensiones, una optimista sensación de regocijo, de esa que disfrutan aquellos que no tienen miedo de sentarse a ver una película con ojos de niño.


La medusa ataca y Perseo nota que se pone duro


Mención especial merece el apartado 3D. Como ya se sabe, la película no fue filmada para ser vista con los anteojitos negros. El efecto estereoscópico se agregó a último momento, con la edición finalizada, aprovechando el éxito de Avatar. Y este ardid comercial se nota en el resultado final. Concientes de la demora que ello ocasionaría, sólo se dedicaron a procesar como corresponde el tramo inicial y la secuencia final de la película. El resto del film brinda escasos momentos de disfrute 3D, compuestos de planos que apenas dan sensación de relieve y que se distinguen más o menos según la iluminación de las tomas. Una desprolijidad que desmerece el espectáculo y que me obliga a recomendarles lo siguiente: ahorren dinero, véanla directamente en su versión 2D.


Trailer


¡ASÍ SÍ!: Recomendada a todos los amantes del peplum y el fantástico de los sesentas y setentas.


¡ASÍ NO!: El 3D desaprovechado. La insoportable y forzada pose de chica linda que ofrece la actriz Gemma Arterton (Io). Mantenerse alejado si se busca complejidad dramática y una épica al estilo de El Señor de los Anillos.




0 comentarios: