martes, 11 de agosto de 2009

Alien Trespass (2009)

El cine ofrece cada tanto películas que rinden homenaje a la clase B de los años 50, con sus monstruos de goma, efectos especiales ultrabaratos, y guiones sin sentido. Recordemos por ejemplo Matinee (1993) de Joe Dante, o Amazon Women on the Moon (Mujeres Amazonas en la Luna, 1987). Alien Trespass revive la fórmula y, aunque no es perfecta, ofrece lo suficiente para que el fanático no se sienta defraudado.

Todo comienza con un falso noticiero en blanco y negro que anuncia la pelea entre un famoso actor de la época y el productor de sus películas. Su última actuación quedará inédita ya que todas las copias de “Alien Trespass”, la mejor película de ciencia ficción de la historia, serán destruidas. Bajo esta premisa accederemos a la única cinta existente.

Como en The Thing, el plato avanza hacia la Tierra

Lo primero que uno exige es, por lo tanto, que estéticamente luzca como un film antiguo. Y en ciertos detalles lo logra: ante la imposibilidad comercial de filmarlo en blanco y negro como correspondería, se optó por una paleta saturada que lo asemeja a los clásicos coloreados por Ted Turner en los ochentas. El abuso de pantallas azules detrás de los actores y de resultados deliberadamente mediocres, sobre todo cuando conducen vehículos, resulta gracioso y efectivo. Lo mismo ocurre con el uso de las escenografías construidas en estudio, que poco coinciden con las locaciones mostradas en los planos generales.

La heroína posa frente a uno de los
tantos posters clásicos que adornan las paredes


Como contrapartida se incluyen elementos que nunca veríamos en las cintas de los 50 y que perjudican el clima del que venimos hablando. Por ejemplo, el OVNI con que abre la historia está generado por computadora. Grave error si consideramos que un stop motion barato hubiese estado perfecto. Lo mismo podemos decir de ciertos diálogos demasiado “modernos” que nunca saldrían de la boca de los actores de películas clase B con medio siglo de edad.

El rayo aturdidor en acción

El argumento nos ubica en un pueblo aislado por el desierto, cerca del cual cae un OVNI. Un monstruo de un solo ojo (parecido al de Los Simpsons) escapa y comienza a digerir a los desprevenidos pobladores, buscando reproducirse e invadir el planeta. El responsable de su custodia, una especie de policía espacial, tomará forma humana y saldrá en su búsqueda antes de que empiece a dividirse.

El policía espacial revela su verdadera forma
y al científico se le despeina el rulito


La mayoría de los tópicos clásicos están presentes: los policías incrédulos, los adolescentes incomprendidos, el pueblito rodeado por el desierto, el ermitaño que vive con su perro y que muere al principio, el científico que huele el peligro, los humanos poseídos por los extraterrestres, decenas de actores secundarios puestos para pasar a mejor vida, y los monstruos con tentáculos y de movilidad casi nula. Quien toma las riendas del asunto y combate el peligro en este caso cambia de sexo. Será una bella camarera quien ayude al policía galáctico a capturar a la amenaza espacial (como una Ripley que sirve café y luce faldas plato).

arriba: El monstruo no oculta sus intenciones vouyeristas y le pide a la parejita que continúe
abajo: Robert T1000 Patrick recibe una estocada a traición, y sentarse ya no será una experiencia placentera

Manteniendo una formalidad estricta, consigue sostener no obstante el interés y es hacia el final que se atreve a jugar con el homenaje, donde la clásica escena del cine de The Blob (La Mancha Voraz, 1958) se ve reflejada en la vida real.


Trailer

De los actores convocados se destacan Eric McCormack (Will en la serie Will & Grace) y Robert Patrick, ya en el ocaso de su carrera y haciendo un triste papel de policía cachondo. Por suerte el director se apiada de él y lo mata hacia la mitad del film.



¡ASÍ SÍ!: Fiel recreación de aquellas historias que tanto nos gustan. La disfrutarán quienes conozcan los códigos de este tipo de cine.


¡ASÍ NO!: Falta la autoparodia. Sin humor, está inevitablemente condenada al olvido.




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