martes, 14 de julio de 2009

Diabolik (Danger: Diabolik, 1968)

Los años 60 marcaron el nacimiento en Italia del Fumetto Nero, historietas destinadas al público adulto y que exhibían altas dosis de violencia y erotismo. Adelantándose a la modalidad K que sufre la Argentina, los títulos utilizaban esta letra como signo distintivo, identificando a los personajes con nombres derivados de un adjetivo, y utilizando la K en alguna parte. De esta manera los kioscos se llenaron de perversas criaturas como Satanik, Sadik, Kriminal (Kadalso en nuestro país) y Killing en el apartado fotonovelas. Quien inició todo esto fue un personaje creado en 1962 por dos hermanas, Angela y Luciana Giussani. Su nombre era Diabolik.

Diabolik es un ladrón profesional de una gran inteligencia, maestro del maquillaje y del camuflaje, y al que le gusta lucir un ajustado traje negro y una máscara que sólo deja a la vista sus hipnóticos ojos. Las coincidencias con Batman son llamativas: identidad oculta, gran destreza física, intelecto admirable, tecnología de avanzada a su servicio, una “baticueva” propia y un vehículo distintivo: un Jaguar E-type.

El enmascarado en el diabolikmóvil

Las diferencias vienen por el lado de su compañero: aquí no hay Robin sino una despampanante rubia, Eva Kant, tan temeraria como él y amante de las joyas y los lujos. Por todo lo dicho es obvio que ambos personajes se hallan en veredas diferentes respecto al concepto de lo correcto. Y aunque el paralelismo es muy evidente, las hermanas Giussani confesaron que su verdadera inspiración la obtuvieron de Fantomas, otro ladrón enmascarado de gran popularidad.

La escena que fue convertida en clásica por el público

Cuando el éxito de la publicación aún estaba caliente, el salto al cine no se hizo esperar. Y vino nada más y nada menos que de la mano de alguien asociado al género del terror y el giallo: Mario Bava.

Esta coproducción italiana-francesa es un fascinante viaje por el universo de Diabolik y la psicodelia de los años 60s. Haciendo uso de todos los recursos de la estética kitsch, la historia cubre cada uno de los aspectos de este carismático criminal: el amante incansable, el cínico delincuente, el maestro del disfraz, el arriesgado aventurero.

Phillip Law y Marisa Mell, una de las parejas más envidiadas de los sesentas

El argumento narra cómo Diabolik es perseguido por el inspector Ginko del equipo de homicidios de Clerville, tras robarse unos cuantos millones de dólares. Luego de varios intentos fallidos, el representante de la ley hace un trato con el capo mafia Ralph Valmont para que lo capture. Con la policía y el hampa detrás, el ladrón enmascarado seguirá haciendo su trabajo y poniendo verdes a sus enemigos.

"¡Le dije a la sirvienta que ese jabón en polvo desteñía!"

Como si se tratara de una de Bond pero en negativo, el film no para en ningún momento, salvo en los tramos iniciales donde vemos a Diabolik y su chica disfrutar de la comodidad de su guarida mientras hacen el amor sin apuro sumergidos en los billetes robados. El resto es una de las mejores adaptaciones del cómic al cine jamás hechas, donde el espíritu del original se ha respetado al máximo (con todo el glamour y el sexismo propio de la época). La sucesión de situaciones peligrosas mantiene el estilo de los seriales clásicos, donde las salidas ingeniosas no siempre son favorables al protagonista.


Trailer

La banda sonora (deliciosamente ridícula) cierra un combo que nos traslada en el tiempo y que estuvo a cargo de un grande, Ennio Morricone. John Phillip Law, quien interpreta a Diabolik, sería más recordado por su papel en una película del año siguiente. Me refiero a Barbarella, donde interpretaba al angel ciego Pygar. Posteriormente sería Sinbad en el clásico The Golden Voyage of Sinbad (1974).

La saga de Diabolik, además del cómic y la película, contó con una serie de dibujos animados producida por Saban International en el año 2000. En Italia aún se publican las historietas con mucho éxito.


¡ASÍ SÍ!: Magnífica pintura de una época de colores chillones y utopías perdidas.


¡ASÍ NO!: Algunas desprolijidades en la edición y en el guión.






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