martes, 16 de febrero de 2010

Antichrist (2009)

Creo que después de esta película, Lars Von Trier se ganará el odio de muchas mujeres. Porque el co-creador del movimiento Dogma se larga a contar una historia muy dura, que nada tiene que ver (al menos directamente) con las sagas de Damien y compañía. En Anticristo el espectador presencia con curiosidad inicial, y luego con horror, el drama de una mujer que canaliza de la peor manera sus angustias y frustraciones.


Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg interpretan respectivamente a un terapeuta y a una escritora que viven, junto a su pequeño hijito, una vida plena. Eso hasta que el niño cae por una ventana y muere, mientras el matrimonio disfruta de una sesión de sexo apasionado. La más afectada por el terrible suceso es ella, manifestando cambios de humor frecuentes, una repentina adicción al sexo, y siniestras visiones de un bosque que parece materializar cada uno de sus miedos. El marido intenta ayudarla haciendo uso de su profesión, pero ante la falta de resultados decide continuar el tratamiento en una aislada cabaña que la pareja posee en medio de un remoto bosque. Él piensa que enfrentándola con el objeto de sus tormentos conseguirá enderezarle la cabeza. ¡Error! Todo empeora para ella y para él, que descubre de la peor manera que estuvo viviendo con el mismísimo demonio.



Al director le bastan estos dos personajes para construir una obra de horror, que narra en detalle la desintegración que provoca la culpa femenina. Y lo hace de manera explícita, con algunas secuencias sangrientas y de dudoso gusto que provocarán retorcijones en los desprevenidos. Y lo dice alguien al que el gore lo trae sin cuidado.


Técnicamente, Von Trier se da el lujo de hacer lo que quiere, sobre todo al principio del film. Se nota, en ciertas desprolijidades, la influencia del movimiento que ayudó a impulsar, y que al ojo atento resultan evidentes: algunas tomas desenfocadas, una edición nerviosa, movimientos de cámara bruscos… Hasta se atreve a violar uno de los principios básicos de la técnica cinematográfica, al saltar la línea imaginaria trazada por la mirada de la pareja durante un diálogo.


Lo que no puede negársele al danés es la habilidad para crear un clima de opresión que incomoda, que lastima. Ciertas escenas, como la de la muerte del niño, quedan impregnadas en la retina a fuerza de cámara lenta y música de ópera. Lo mismo sucede con ciertas alucinaciones que persiguen al propio marido y toda la batería de simbolismos religiosos que despliega de principio a fin. Es indudable que Von Trier sabe cómo golpear, ya sea utilizando imágenes de un preciosismo casi publicitario o recursos innecesarios como sexo explícito y mutilaciones sexuales (aunque en dosis homeopáticas).


Machista, misógina, pónganle el rótulo que deseen. Lo cierto es que se nota que, como confesó posteriormente, la hizo sin demasiadas ganas, en pleno proceso posdepresivo. Y no cuesta creer que el responsable de semejante estado haya sido una mujer.

Trailer



¡ASÍ SÍ!: Si Lars intentó contagiarle al mundo su intenso bajón anímico, lo consiguió con creces.

¡ASÍ NO!: La escena final termina reforzando el mensaje de odio del director. Algunos ven una señal de luz y redención. No es mi caso. ¿Notaron cuál es el símbolo que cierra el título del cartel?



1 comentarios:

crons1999 dijo...

me gusto mucho esa peli