domingo, 28 de febrero de 2010

El Circo de la Mariposa (2009)

Y seguimos en la línea sensiblera con este magnífico corto que, además de ofrecer un terapéutico mensaje positivo, resulta un muy buen ejemplo de historia sintética bien contada, sin que le falte ni le sobre nada. The Butterfly Circus fue dirigida por Joshua Weigel, el realizador de otro corto multipremiado: Stained. La historia transcurre durante la época de la gran depresión estadounidense y relata cómo un muchacho sin extremidades, rescatado de una feria de fenómenos, recupera su dignidad gracias a la ayuda del director de un circo muy especial.


El Circo de la Mariposa


El protagonista es el australiano Nick Vujicic, y no hay trucos digitales en lo que acaban de ver: el muchacho nació así, sin brazos ni piernas. Hoy recorre el mundo dando charlas como predicador motivacional. Para que conozcan un poco de su vida les dejo el siguiente video. Como usa mucho discurso religioso y yo no me llevo muy bien con ese aspecto de la raza humana, traté de elegir el clip mas neutro que pude encontrar.


sábado, 27 de febrero de 2010

Música: Heaven & Hell (Vangelis, 1975)

Otro tema de Vangelis identificado para siempre con la serie Cosmos de Carl Sagan. Sublime pieza de música cósmica. Una de mis favoritas. Dejen a oscuras su habitación y disfruten.

jueves, 25 de febrero de 2010

Momentos Imborrables: Estados Alterados (1980)

Altered States generó polémicas en su tiempo. Claro, detrás de ella estaba el director Ken Russell. Si quieren mi opinión, pueden leerla en esta entrada. El film cuenta los intentos del doctor Edward Jessup, drogas y técnicas de privación sensorial mediante, por despertar el hombre primitivo que yace dormido en nuestros genes. El siguiente clip recrea el momento en que el científico interpretado por William Hurt sufre escandalosas alucinaciones provocadas por la cámara de aislamiento.




miércoles, 24 de febrero de 2010

Portadas de: Revista Eerie (parte 8)

Nuevas portadas que son un deleite para los ojos. Lamentablemente, esta vez no hay cómics para descargar.











martes, 23 de febrero de 2010

La Gran Guerra Yokai (Yôkai daisensô /The Great Yokai War, 2005)

El folklore japonés es tan abundante como desconocido por este rincón del mundo. Dueños de una envidiable tradición oral que se remonta a varios siglos en el pasado, recién en el período Edo (1603-1868) y gracias al trabajo de los artistas, el extenso imaginario de criaturas fantásticas adquirió forma y presencia concreta. El término Yokai agrupa de manera general a la mayoría de fantasmas, seres fantásticos y demonios que pueblan nuestro planeta, ocultos a los ojos del humano común. Sus formas pueden ir desde el típico espectro de pelo largo al estilo Samara, pasando por los más comunes híbridos entre personas y animales, y culminando en objetos inanimados tales como paraguas con lenguas largas como una corbata.

Ryunosuke Kamiki, el niño guerrero, junto a la bella Mai Takahashi, un espíritu acuático

Éste es el universo que explora el prolífico director japonés Takashi Miike, en una película que parece concebida para jugar con su niño interior. Muy lejos está de la crudeza y de la seriedad de films como Audition, Ichi the Killer o la saga Dead or Alive. Sin embargo es una licencia que se toma en su carrera, y que se disfruta enormemente si conseguimos dejar la mirada adulta, con todos sus prejuicios, en stand-by.

Hasta los Yokai se sorprenden con las ocurrencias del director
Comparada por muchos con La Historia Sin Fin (aunque en formato ultrabizarro), The Great Yokai War cuenta las aventuras de Tadashi, un niño de diez años que no la está pasando nada bien. Sus padres se han separado, y además es el foco del maltrato de sus compañeros de colegio. Lo último que le faltaba era ser elegido jinete Kirin durante una fiesta popular. Dicho jinete tiene contacto con el mundo de los Yokai, y esta habilidad lo convertirá, contra su voluntad, en el líder de una cruzada contra el malévolo Lord Kato. Este ex humano devenido en demonio está convirtiendo a las estrafalarias criaturas del más allá en robots mortíferos, con el objeto de armar un ejército que le permita dominar el mundo de los humanos. Asistido por unos pocos yokais que se atreven a luchar, Tadashi blandirá una espada mágica y aceptará el desafío de salvar a la humanidad.


El niño Kamiki recibe una calurosa bienvenida tras arribar al set de filmación

Esperando las cervezas...

Dentro de un elenco totalmente desconocido para el público occidental se destaca Chiaki Kuriyama. A esta chica la hemos visto haciendo papeles de malvada en Kill Bill (¿recuerdan a Go Go Yubari, la colegiala japonesa?), y también en la ultraviolenta Battle Royale. Aquí continúa en la misma línea interpretando a Agi, la mano derecha de Lord Kato.

Kuriyama y un anoréxico terminator posan para la foto

Los efectos especiales son un tema aparte. Muchos consideran este ítem lo peor de la película, pero aquí me atrevo a defender a Miike. Sospecho que la inocultable precariedad ha sido deliberada, algo así como un sentido homenaje a la vasta tradición de monstruos de goma del cine japonés. Casi todas las técnicas conocidas tienen cabida en algún momento del film: cromas desprolijos, cgi, animatronics, marionetas, gente en trajes de latex... y hasta me atrevería a decir stop motion. Un rejunte de efectos que no se le perdonaría a una producción medianamente seria, pero que en el contexto de esta historia suma niveles de "bizarres" que se agradecen.


Trailer

La historia no tiene nada que ver con el clásico de 1968, Yokai Monsters, dirigida por Yoshiyuki Kuroda, y sus dos secuelas. Eso sí, comparten algunos personajes y la gracia delirante típica de un manga. Muchos la tildarán de infantil, y otros no entenderán el humor oriental. Lo siento por ellos. Porque una vez abierta la mente a este universo de demonios y fantasmas lisérgicos, la experiencia termina tornandose increíblemente divertida.

¡Haffda daa droxima amiddiddoss!
(Hasta la próxima amiguitos)



¡ASÍ SÍ!: Miike arriesga con esta película su reputación de gran cineasta, ¡y sale airoso!

¡ASÍ NO!: Algunas secuencias se extienden más de lo debido, sobre todo cerca del final. ¡Digámosle NO al maltrato de los muñecos de peluche!



sábado, 20 de febrero de 2010

El Cazador (John Collier)

Regresa Alberto Laiseca al blog con un cuento del escritor inglés John Collier (no confundir con el pintor de mismo nombre). Nació en 1901 y murió de un paro cardíaco en 1980. Escribió cientos de relatos cortos, tres novelas y, también algunos guiones cinematográficos (por ejemplo, el de La reina africana, de John Huston).





Este cuento se publicó en español dentro de una magnífica selección llamada "Las mejores historias siniestras". Lo hizo Editorial Bruguera en 1974 y nunca más se reeditó. Entre los autores que pueblan sus páginas están Jorge Luis Borges, Hermann Hesse, Truman Capote, Leon Tolstoi, Thomas Mann, Graham Greene, Virginia Woolf, y así hasta llegar a 27 de los mejores escritores de todos los tiempos. ¿Que les dió ganas de hacerse con un ejemplar? Siento decirles que está ultra-agotado. Yo conseguí uno en un viejo local de canje hace mucho tiempo. Pero no se preocupen, que si está en la red, neuronamuerta lo encuentra. A continuación les dejo el enlace a la versión digital publicada en Scribd. Puede leerse online o descargarse en formato pdf, doc o txt, previo registro gratuito.

Las mejores historias siniestras

Mirror:
Las mejores historias siniestras

jueves, 18 de febrero de 2010

El Hombre Lobo (The Wolfman, 2010)

Toda historia tiene su momento, y forzarlo puede acabar en desastre. Recrear clásicos góticos en tiempos en los que aún sobreviven las sombras de fantasmas japoneses pelilargos, o donde el gusto popular parece estar puesto en los asesinos ultrasádicos y en los falsos documentales, resulta una apuesta tan válida como arriesgada. Eso sí, hay que hacerlo bien para no pasar vergüenza.

Los vampiros han superado la prueba. Se sabe que los chupasangres no asustan como en otras épocas, por lo que ha sido necesario infundirle un valor agregado a la leyenda tradicional: desde trasladarlos al presente y explicar científicamente el origen de su mal, hasta convertirlos en protagonistas de tontas películas románticas, incluso hacerlos partícipes de dramas muy humanos o teñirlos de estética matrix. Todas licencias imprescindibles para mantener el interés sobre estas criaturas y evitar la carcajada (o el bostezo) general.

Benicio y su cuñada aprovechan que el tercero en discordia está bien muerto

Con la leyenda del hombre lobo se corría un riesgo similar. Era necesaria una actualización que permitiera interesar al público del siglo XXI. O por lo menos insuflarle un estilo innovador como supo hacer Tim Burton en varias de sus obras. Pero inexplicablemente los de la Universal decidieron apostar por una remake del clásico de 1941, utilizando un estilo narrativo tan formal como anticuado.

Ciertas imágenes del film son de una fantástica belleza

Nada nuevo aporta The Wolfman a la figura de nuestro peludo amigo, ni siquiera sustos, más allá de algunos sobresaltos tramposos a base de ruidos fuertes y cosas saltando de repente frente al espectador. Anthony Hopkins y Benicio Del Toro hacen lo que pueden en sus respectivos roles, que no es mucho gracias a las limitaciones del guión.

Arte conceptual, autoría de Rick Baker

La historia narra las desventuras de Lawrence Talbot, un actor de gira por Londres que se entera del asesinato de su hermano. La relación con su padre no es muy buena, pero igual decide alojarse en la mansión que éste posee en un remoto paraje, por lo menos hasta descubrir al responsable del crimen. La ¿mala suerte? lo pondrá en el camino de un hombre lobo, sobreviviendo al ataque y cargando a partir de ese momento con la maldición que lo transforma en licántropo las noches de luna llena. De allí en adelante lo veremos pelear en vano contra su nueva condición, ser perseguido por un inspector de policía y por los lugareños supersticiosos, e incluso intentando “levantarse” a su cuñada, aprovechando que ahora está viudita.


Distintas imágenes del lobizón. Atención: la última foto es Benicio al natural, ¡casi que no hacía falta ningun maquillaje!

La película tuvo muchísimos problemas desde el inicio. Tres años pasaron desde que la Universal dio luz verde a esta remake, postergando su estreno en cuatro oportunidades (la fecha original estaba prevista para el 13 de febrero de 2009). Mark Romanek, el director elegido, renunció debido a diferencias creativas, dejando a los actores sin alguien que les diera órdenes. Terminaron firmando con Joe Johntson, el último de una larga lista de directores que fueron rechazando el proyecto sistemáticamente. Además hubo que rehacer todos los efectos especiales concebidos por Rick Baker debido a que el resultado final no era el adecuado. Tampoco convenció la tarea de los montajistas, por lo que se contrató a otros ya con la posproducción muy avanzada. Y a un mes del debut, el estudio decidió utilizar la banda sonora que Danny Elfman había compuesto originalmente, y que fuera reemplazada sobre la marcha por la de otro compositor, Paul Haslinger. Elfman estaba ocupado con Alicia, así que su trabajo lo terminaron unos ignotos asistentes.

El protagonista no duda en autoflagelarse luego de acudir a una avant premiere.

¿Justifica todo esto la baja calidad del film? No necesariamente. Porque algunos de estos inconvenientes fueron superados con dignidad. La música no está para nada mal, como tampoco lo están los efectos especiales. La fotografía es sin dudas su punto más fuerte. Para el aspecto del monstruo se respetó el concepto de robusto humano peludo del original, alejándose del perro lanudo de Un Hombre Lobo Americano en Londres (An American Werewolf In London, 1981), y de los excelentes lobos bípedos de Aullidos (The Howling, 1981). Eso sí, lo breve de las transformaciones y las tomas rápidas de la criatura dejan al descubierto el apuro por rehacer los FX.

Trailer

Pero como dije antes, más allá de los defectos de montaje y otros inconvenientes técnicos, el principal problema está en la historia. Lenta, previsible, sin conflictos que atrapen, y con más incoherencias de las que uno está dispuesto a tolerar, El Hombre Lobo no aporta nada atractivo a lo que ya vimos una y otra vez, tanto en viejas películas sobre el tema como en los dibujitos animados de Scooby Doo.




¡ASÍ SÍ!: La transformación, y algunas secuencias como un escape por los techos de Londres o la pelea con el padre cerca del final, sirven para sacudir un poco la modorra que provoca en el espectador.


¡ASÍ NO!: Otro caso que confirma mi teoría sobre las remakes. ¡No toquen los clásicos si no están seguros de hacerlo bien! (hay excepciones por supuesto). Johntson y quienes aprobaron este guión deberían arder en el infierno por hacernos perder tiempo y dinero.




martes, 16 de febrero de 2010

Antichrist (2009)

Creo que después de esta película, Lars Von Trier se ganará el odio de muchas mujeres. Porque el co-creador del movimiento Dogma se larga a contar una historia muy dura, que nada tiene que ver (al menos directamente) con las sagas de Damien y compañía. En Anticristo el espectador presencia con curiosidad inicial, y luego con horror, el drama de una mujer que canaliza de la peor manera sus angustias y frustraciones.


Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg interpretan respectivamente a un terapeuta y a una escritora que viven, junto a su pequeño hijito, una vida plena. Eso hasta que el niño cae por una ventana y muere, mientras el matrimonio disfruta de una sesión de sexo apasionado. La más afectada por el terrible suceso es ella, manifestando cambios de humor frecuentes, una repentina adicción al sexo, y siniestras visiones de un bosque que parece materializar cada uno de sus miedos. El marido intenta ayudarla haciendo uso de su profesión, pero ante la falta de resultados decide continuar el tratamiento en una aislada cabaña que la pareja posee en medio de un remoto bosque. Él piensa que enfrentándola con el objeto de sus tormentos conseguirá enderezarle la cabeza. ¡Error! Todo empeora para ella y para él, que descubre de la peor manera que estuvo viviendo con el mismísimo demonio.



Al director le bastan estos dos personajes para construir una obra de horror, que narra en detalle la desintegración que provoca la culpa femenina. Y lo hace de manera explícita, con algunas secuencias sangrientas y de dudoso gusto que provocarán retorcijones en los desprevenidos. Y lo dice alguien al que el gore lo trae sin cuidado.


Técnicamente, Von Trier se da el lujo de hacer lo que quiere, sobre todo al principio del film. Se nota, en ciertas desprolijidades, la influencia del movimiento que ayudó a impulsar, y que al ojo atento resultan evidentes: algunas tomas desenfocadas, una edición nerviosa, movimientos de cámara bruscos… Hasta se atreve a violar uno de los principios básicos de la técnica cinematográfica, al saltar la línea imaginaria trazada por la mirada de la pareja durante un diálogo.


Lo que no puede negársele al danés es la habilidad para crear un clima de opresión que incomoda, que lastima. Ciertas escenas, como la de la muerte del niño, quedan impregnadas en la retina a fuerza de cámara lenta y música de ópera. Lo mismo sucede con ciertas alucinaciones que persiguen al propio marido y toda la batería de simbolismos religiosos que despliega de principio a fin. Es indudable que Von Trier sabe cómo golpear, ya sea utilizando imágenes de un preciosismo casi publicitario o recursos innecesarios como sexo explícito y mutilaciones sexuales (aunque en dosis homeopáticas).


Machista, misógina, pónganle el rótulo que deseen. Lo cierto es que se nota que, como confesó posteriormente, la hizo sin demasiadas ganas, en pleno proceso posdepresivo. Y no cuesta creer que el responsable de semejante estado haya sido una mujer.

Trailer



¡ASÍ SÍ!: Si Lars intentó contagiarle al mundo su intenso bajón anímico, lo consiguió con creces.

¡ASÍ NO!: La escena final termina reforzando el mensaje de odio del director. Algunos ven una señal de luz y redención. No es mi caso. ¿Notaron cuál es el símbolo que cierra el título del cartel?



lunes, 15 de febrero de 2010

Manía por las Galaxias

Esto lo encontré taringueando una tarde de mucho calor. Sin palabras. Sólo citar lo que comentó alguien por ahí: "La verdad el flaco este ni ahí invitar una mina a su casa, esta como el vago de "virgen a los 40"".

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