lunes, 30 de noviembre de 2009

Música: Tool

Tool es una banda estadounidense de metal progresivo o alternativo, nacida en el año 1990 y actualmente activa. Ganadora de tres Grammys, la banda se caracteriza por incorporar otras formas de arte a su ámbito natural, el musical. Por ejemplo, sus videos se destacan por el uso parcial o total de técnicas de stop-motion, consiguiendo piezas artísticas tan geniales como escalofriantes. No muchos saben que el director artístico de la banda y de los videos musicales es Adam Jones, el propio guitarrista del grupo.

A continuación les dejo dos videoclips impactantes. Particularmente el del tema "Stinkfist". Sus imágenes consiguieron quitarme el sueño como pocos.

Prison Sex (1994). El video fue removido de la programación de MTV debido a su contenido perturbador


Stinkfist (1996). MTV le cambió la letra y el nombre por el de "Track#1", debido a sus connotaciones sexuales (se denomina con ese término a la práctica sexual de introducir un puño por el ano y otros orificios corporales, ¡Ugh!)

domingo, 29 de noviembre de 2009

Monstruos de verdad

La mejor inspiración para diseñar criaturas extraterrestres está muy cerca, en nuestro propio planeta. Artistas conceptuales e ilustradores de ciencia ficción no pueden obviar el increíble espectáculo que brindan las criaturas abisales. Aprecien sinó el siguiente clip: dos minutos por demás de ilustrativos. Y muy bien hecho.





Visiten el sitio (en inglés):
Census of Marine Life

viernes, 27 de noviembre de 2009

King Kong del '76: los pósters

Cuando ví por primera vez la versión de King Kong de 1976, mi cabeza explotó. No podía creer lo que contemplaban mis ojos. Claro, era muy chico. Con el tiempo me dí cuenta de la basura que era, que nunca debería haberse filmado, que fue un insulto a la versión original. Por suerte algo bueno salió de todo ese despropósito: los pósters promocionales.

Dejando de lado detalles mínimos como problemas de perspectiva, y las promesas incumplidas (el gorila nunca era tan amenzante y tampoco luchaba con un pie en cada torre gemela, pero que va, la publicidad es así), aún hoy me parece un trabajo soberbio.

El responsable era un artista muy popular por aquellos tiempos, autor de pósters memorables: John Berkey (del que hablaré en otra entrada). Los primeros bocetos, como se aprecia a continuación, incluía al Empire State, tal como ocurría en el film de 1933. Cuando estuvo terminado el guión definitivo de la remake, la decisión fue cambiar el emblemático edificio por las Torres Gemelas, las más altas por aquellos tiempos. Berkey cambió en consecuencia el escenario del póster y de a poco fue acercándose a la composición final.





Algunos de los bocetos que muestran el proceso creativo de John Berkey


La imagen final incluía aviones cubriendo casi completamente los cielos y amplias sombras cayendo sobre los lados de las torres.

Sketch coloreado


Versión final refinada, presentada al estudio

Ésta, no obstante, no fue la gráfica utilizada en los cines. La definitiva reemplazaba algunos aviones por helicópteros (para hacerla más fiel a la historia), y eliminaba las sombras del gorila. El resultado fue uno de los pósters más impresionantes de la historia del cine, reproducido hasta el hartazgo en revistas, remeras, vasos, y todos los elementos que se les ocurra.


La Paramount, como sucede con todo jefe sin respeto por sus empleados, le encargó a John Berkey un trabajito extra a cumplimentar en tiempo récord: ¡debía entregar seis pósters más en el lapso de dos semanas! Berkey, como tipo habilidoso y responsable que era, cumplió. Plasmó nuevas instancias del mono gigante inspirado en escenas del film, con la particularidad que en cada imagen le cambió el rostro. La sorpresa llegó cuando vió su trabajo impreso: alguien del estudio había recortado la cara del póster principal, y la había pegado sobre las otras.
Debo decir que lo que hicieron es criminal, un insulto al trabajo de un artista. Pero...fue la mejor decisión. Comparen sinó en el siguiente ejemplo, la versión original y la modificada.



Personalmente prefiero el rostro cuadrado, de rasgos humanoides, al del gorila que parece asomado por la ventanilla de un coche. Otro ejemplo:


Dos pósters más para terminar con este magnífico muestrario. El último, con texto en japonés, no sé si corresponde a Berkey, pero sin dudas merecía ser publicado con los demás.





BONUS
¿Y ésto?


El cartel corresponde a "Godzilla vs Megalon", original de 1973. Cuando se estrenó en EEUU, luego del éxito de King Kong, algún distribuidor sin escrúpulos quiso aprovecharse de ello y encargó un póster de características similares. De más está decir que en ningún momento los dos monstruos se enfrentan sobre el World Trade Center.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

TTZ: Nightmare At 20000 Feet - Parodias

Mencionaba en la entrada anterior que la de los Simpsons era la parodia más recordada de este capítulo clásico de TTZ. Pero buscando por ahí encontré otras dignas de mención y que ahora comparto con ustedes. Un muestrario de "gremlins" para todos los gustos.




Los Simpsons: Especial Noche de Brujas IV. "Terror atFeet" (1993)


Tiny Toons: especial Cuentos de Terror
(
Tiny Toon Adventures: Night Ghoulery, 1995)


Madagascar 2 (2008)


Johnny Bravo: The Man Who Cried 'Clown'/
Terror At Twenty Thousand Big Feet (1997)



Videoclip "Nunca iré", del grupo argentino "No lo soporto". Gracias a Maldoror por el dato
http://www.youtube.com/watch?v=uLn36UoMyz0

domingo, 22 de noviembre de 2009

TTZ: Nightmare At 20000 Feet

Otro capítulo clásico de esta serie fundamental, concretamente el tercer episodio de la quinta y útima temporada. Se emitió el 11 de octubre de 1963 y reunió tempranamente una cantidad de nombres que con el correr de los años harían famosos. Para empezar, formó parte de "La Dimensión Desconocida", todo un acontecimiento en sí mismo. Se basó en un relato corto de Richard Matheson, escritor de ciencia ficción mencionado varias veces en este blog y autor de las historias originales de "Soy leyenda", "El increíble hombre menguante" y "El diablo sobre ruedas", que sirvió para que Steven Spileberg debutara en el largometraje. La dirección corrió por cuenta de Richard Donner, un tipo con una filmografía imprescindible para los seguidores neurona: dirigió entre otras cosas Superman (1978), Superman II (1980, sin acreditar según IMDB), The Goonies (1985), la saga de Lethal Weapon (Arma Mortal), y 16 Blocks (2006), entre otras. Y el protagonista fue un joven y aún desconocido William Shatner, años antes de calzarse el traje del capitán Kirk y comandar los destinos del Enterprise.







En 1983, exactamente veinte años después, se estrena Twilight Zone: The Movie. El film tomaba cuatro reconocidos episodios de la serie original y los recreaba bajo el mando de jóvenes directores como Spielberg (en la cima del mundo tras el estreno de ET, 1982), John Landis (aplaudido por los fanáticos del cine de terror gracias a An American Werewolf in London, 1981) o Joe Dante (reconocido por Piranha, 1978, y The Howling,1981, madurando tal vez por esa época la que sería su obra maestra: Gremlins, 1985). El mejor segmento de la película sin embargo fue, como se imaginan, la remake de Nightmare At 20000 Feet. Dirigida por George Miller, un australiano que ya había saltado a la fama con las dos primeras partes de la saga Mad Max (la tercera, Mad Max Beyond Thunderdome llegaría a las pantallas recién en 1985), contó además con la actuación de John Lightgow (3rd Rock from the Sun), desplegando un oficio actoral tremendo. Hoy en día este film es recordado por el prólogo, y por Nightmare At 20000 Feet.


Nota al paso:
En esta película murieron el actor Vic Morrow y dos niños vietnamitas, mientras filmaban el primer segmento. Un helicóptero se salió de control y las aspas arrancaron la cabeza del pobre Vic. Varios integrantes de la producción, entre ellos John Landis, fueron llevados a juicio. Finalmente resultaron absueltos.








El episodio fue parodiado en incontables oportunidades, aunque quizás la más recordada sea aquella del especial de Noche de Brujas IV de Los Simpsons (
Terror at 5½ Feet), donde una criatura diabólica intentaba desarmar el autobus escolar de Bart.





The Simpsons 505El capítulo, en inglés

viernes, 20 de noviembre de 2009

Actividad Paranormal (Paranormal Activity, 2007)

Siempre defenderé las salas de cine como el ámbito natural para ver películas, a pesar de haber caído, como la mayoría de ustedes, en el uso indiscriminado y nocivo del televisor o la pantalla de la computadora. Siempre lo defenderé, salvo en este caso. A pesar de saber que estoy arruinándole la felicidad al director, Oren Peli, y el negocio a Steven Spielberg, que de tan contento que quedó al verla decidió distribuirla en cine y con final cambiado. Porque es una película que se disfruta (o sufre) más en la comodidad del hogar. Preferentemente viéndola en el dormitorio solo o con un acompañante.Y obligatoriamente en completa oscuridad, y de madrugada.

Había comentado anteriormente Hombre de la Tierra (noten que no usé la palabra “criticado” a pesar de que parezca que hago “eso”). Dicha película tiene en común con ésta dos virtudes que se vienen extrañando: el bajo presupuesto combinado con una propuesta novedosa. Y aunque Paranormal Activity utiliza el regastado recurso del falso documental puesto de moda por The Blair Witch Project (1999), lo hace en un contexto diferente y muy atractivo.

De día todo transcurre entre bromas y sonrisas

Cuando el subgénero de casas encantadas parecía agotado, el israelí Oren Peli nos cae con esta película filmada en su propia vivienda, durante una semana, y con muy poco dinero. Y lo hace convirtiendo en hostil el lugar donde nos sentimos más seguros (nuestro hogar), y a la vez más vulnerables (la cama, mientras dormimos). ¿Hay algo más terrorífico que eso?

La historia es bastante simple: Katie y Micah descubren que en su nueva casa se suceden extraños fenómenos. Micah compra una videocámara, con la que registra lo que vemos en el film. Su idea es dejarla encendida durante toda la noche, en su dormitorio, para verificar si son víctimas de la visita de fantasmas.

Pero cuando cae la noche, acostarse puede
resultar una experiencia traumática


Las grabaciones, efectivamente, indican que pasan cosas poco comunes. Cosas que por ser sutiles, realistas, y sin despliegue de sofisticados efectos visuales, causan más impacto. Porque es muy difícil que lleguemos a ver una procesión de espíritus en el living de nuestra vivienda como sucedía en Poltergeist (1982), pero muy factible que escuchemos sonidos extraños cuando pensamos que estamos solos en plena noche.

Mucha gente que la vió le critica esa falta de sobresaltos continuos, sangre y efectos especiales. A ellos solo puedo decirles que sigan viendo films de terror, y que dentro de 10 años volvamos a hablar. Con la cabeza quemada por tanta fórmula repetida, es inevitable no volver a encontrar el disfrute (y el escalofrío) en lo simple. Porque esta no es una película de sustos, es una de miedo puro. Y las diferencias entre ambas categorías son enormes.

¿Qué es eso que yace en el piso, a la izquierda?

No obstante todo lo bueno que remarqué, hay que decir que la película no es perfecta. La temeridad con que Micah enfrenta los hechos paranormales es poco creíble. El caso de posesión mencionado en un momento del film termina siendo forzado e irrelevante. Además se podrían haber aprovechado mejor ciertos elementos y situaciones que son pasadas por alto, como la alarma de la casa o la piscina.

Otro punto flojo atañe a la duración de los momentos diurnos y nocturnos. Hubiese mejorado el crescendo del miedo si los primeros se hubieran ido acortando y los segundos ampliando con el correr de la historia, pero el director optó por no modificar el esquema del inicio. Tal vez por ello pueda resultar menos tétrica de lo esperado.

¿Y si esta noche te encontrás con algo así
parado en el umbral de tu dormitorio?


Pero a no confundirse, cuando cae la noche y la cámara empieza correr, se la pasa mal. Realmente mal. Y si siguen mis consejos iniciales sobre cómo verla, podrán vivir una experiencia inmersiva que no se consigue ni con el más sofisticado sistema 3D, anteojitos mediante.




Notita final: El film se rodó con una sola cámara, invirtiendo menos de 15.000 dólares en total. Hasta octubre había recaudado en el país del norte más de 65 millones, y está en camino a convertirse en la película independiente más rentable de todos los tiempos. Su distribución es por demanda, es decir, la gente tiene que pedir que la estrenen en su localidad a través de internet.



¡ASÍ SÍ!: No revolucionará el género, pero provoca escalofríos legítimos, que es lo que importa.



¡ASÍ NO!: Los rellenos forzados e innecesarios.




miércoles, 18 de noviembre de 2009

Leéte: Juan sin miedo (Hnos Grimm)

Hoy les traigo uno de los cuentos más populares del repertorio recopilado por los hermanos Grimm: Juan sin miedo. Jacob y Wilhelm nacieron en Alemania en 1785 y 1789 respectivamente. Se hicieron famosos gracias a las publicaciones que recogían cuentos de hadas anónimos, y que les fueran transmitidos oralmente. Gracias a ellos hoy conocemos historias como la de Blancanieves, Hansel y Gretel y La Cenicienta.

Crueles y plagadas de sangre y asesinatos, ellos se defendían diciendo que las historias no estaban dirigidas a los niños. Pero la presión del público burgués del momento y las posteriores adaptaciones han hecho que llegaran censurados y suavizados hasta el día de hoy. No obstante editoriales como Hans-Jörg Uther han publicado las versiones originales en ediciones de lujo.

A continuación la historia para leer, y en la siguiente entrada, una adaptación para televisión producida por el gran Jim Henson.




Érase un padre que tenía dos hijos, el mayor de los cuales era listo y despierto, muy despabilado y capaz de salir con bien de todas las cosas. El menor, en cambio, era un verdadero zoquete, incapaz de comprender ni aprender nada, y cuando la gente lo veía, no podía por menos de exclamar: «¡Este sí que va a ser la cruz de su padre!». Para todas las faenas había que acudir al mayor; no obstante, cuando se trataba de salir, ya anochecido, a buscar alguna cosa, y había que pasar por las cercanías del cementerio o de otro lugar tenebroso y lúgubre, el mozo solía resistirse:

-No, padre, no puedo ir. ¡Me da mucho miedo!

Pues, en efecto, era miedoso.

En las veladas, cuando, reunidos todos en torno a la lumbre, alguien contaba uno de esos cuentos que ponen carne de gallina, los oyentes solían exclamar: «¡Oh, qué miedo!». El hijo menor, sentado en un rincón, escuchaba aquellas exclamaciones sin acertar a comprender su significado.

-Siempre están diciendo: «¡Tengo miedo! ¡Tengo miedo!». Pues yo no lo tengo. Debe ser alguna habilidad de la que yo no entiendo nada.

Un buen día le dijo su padre:

-Oye, tú, del rincón: Ya eres mayor y robusto. Es hora de que aprendas también alguna cosa con que ganarte el pan. Mira cómo tu hermano se esfuerza; en cambio, contigo todo es inútil, como si machacaras hierro frío.

-Tienes razón, padre -respondió el muchacho-. Yo también tengo ganas de aprender algo. Si no te parece mal, me gustaría aprender a tener miedo; de esto no sé ni pizca.

El mayor se echó a reír al escuchar aquellas palabras, y pensó para sí: «¡Santo Dios, y qué bobo es mi hermano! En su vida saldrá de él nada bueno. Pronto se ve por dónde tira cada uno». El padre se limitó a suspirar y a responderle:

-Día vendrá en que sepas lo que es el miedo, pero con esto no vas a ganarte el sustento.

A los pocos días tuvieron la visita del sacristán. Le contó el padre su apuro, cómo su hijo menor era un inútil; ni sabía nada, ni era capaz de aprender nada.

-Sólo le diré que una vez que le pregunté cómo pensaba ganarse la vida, me dijo que quería aprender a tener miedo.

-Si no es más que eso -repuso el sacristán-, puede aprenderlo en mi casa. Deje que venga conmigo. Yo se lo desbastaré de tal forma, que no habrá más que ver.

Se avino el padre, pensando: «Le servirá para despabilarse». Así, pues, se lo llevó consigo y le señaló la tarea de tocar las campanas. A los dos o tres días lo despertó hacia medianoche y lo mandó subir al campanario a tocar la campana. «Vas a aprender lo que es el miedo», pensó el hombre mientras se retiraba sigilosamente.

Estando el muchacho en la torre, al volverse para coger la cuerda de la campana vio una forma blanca que permanecía inmóvil en la escalera, frente al hueco del muro.

-¿Quién está ahí? -gritó el mozo. Pero la figura no se movió ni respondió.

-Contesta -insistió el muchacho- o lárgate; nada tienes que hacer aquí a medianoche-. Pero el sacristán seguía inmóvil, para que el otro lo tomase por un fantasma.

El chico le gritó por segunda vez:

-¿Qué buscas ahí? Habla si eres persona cabal, o te arrojaré escaleras abajo. El sacristán pensó: «No llegará a tanto», y continuó impertérrito, como una estatua de piedra. Por tercera vez le advirtió el muchacho, y viendo que sus palabras no surtían efecto, arremetió contra el espectro y de un empujón lo echó escaleras abajo, con tal fuerza que, mal de su grado, saltó de una vez diez escalones y fue a desplomarse contra una esquina, donde quedó maltrecho. El mozo, terminado el toque de campana, volvió a su cuarto, se acostó sin decir palabra y se quedó dormido.

La mujer del sacristán estuvo durante largo rato aguardando la vuelta de su marido; pero viendo que tardaba demasiado, fue a despertar, ya muy inquieta, al ayudante, y le preguntó:

-¿Dónde está mi marido? Subió al campanario antes que tú.

-En el campanario no estaba -respondió el muchacho-. Pero había alguien frente al hueco del muro, y como se empeñó en no responder ni marcharse, he supuesto que era un ladrón y lo he arrojado escaleras abajo. Vaya a ver, no fuera el caso que se tratase de él. De veras que lo sentiría.

La mujer se precipitó a la escalera y encontró a su marido tendido en el rincón, quejándose y con una pierna rota.

Lo bajó como pudo y corrió luego a la casa del padre del mozo, hecha un mar de lágrimas:

-Su hijo -se lamentó- ha causado una gran desgracia, ha echado a mi marido escaleras abajo, y le ha roto una pierna. ¡Llévese enseguida de mi casa a esta calamidad!

Corrió el padre, muy asustado, a casa del sacristán, y puso a su hijo de vuelta y media:

-¡Eres una mala persona! ¿Qué maneras son ésas? Ni que tuvieses el diablo en el cuerpo.

-Soy inocente, padre -contestó el muchacho-. Le digo la verdad. Él estaba allí a medianoche, como si llevara malas intenciones. Yo no sabía quién era, y por tres veces le advertí que hablase o se marchase.

-¡Ay! -exclamó el padre-. ¡Sólo disgustos me causas! Vete de mi presencia, no quiero volver a verte.

-Bueno, padre, así lo haré; aguarda sólo a que sea de día, y me marcharé a aprender lo que es el miedo; al menos así sabré algo que me servirá para ganarme el sustento.

-Aprende lo que quieras -dijo el padre-; lo mismo me da. Ahí tienes cincuenta monedas; márchate a correr mundo y no digas a nadie de dónde eres ni quién es tu padre, pues eres mi mayor vergüenza.

-Sí, padre, como quieras. Si sólo me pides eso, fácil me será obedecerte.

Al apuntar el día embolsó el muchacho sus cincuenta monedas y se fue por la carretera. Mientras andaba, iba diciéndose:

«¡Si por lo menos tuviera miedo! ¡Si por lo menos tuviera miedo!». En esto acertó a pasar un hombre que oyó lo que el mozo murmuraba, y cuando hubieron andado un buen trecho y llegaron a la vista de la horca, le dijo:

-Mira, en aquel árbol hay siete que se han casado con la hija del cordelero, y ahora están aprendiendo a volar. Siéntate debajo y aguarda a que llegue la noche. Verás cómo aprendes lo que es el miedo.

-Si no es más que eso -respondió el muchacho-, la cosa no tendrá dificultad; pero si realmente aprendo qué cosa es el miedo, te daré mis cincuenta monedas. Vuelve a buscarme por la mañana.

Y se encaminó al patíbulo, donde esperó, sentado, la llegada de la noche. Como arreciara el frío, encendió fuego; pero hacia medianoche empezó a soplar un viento tan helado, que ni la hoguera le servía de gran cosa. Y como el ímpetu del viento hacía chocar entre sí los cuerpos de los ahorcados, pensó el mozo: «Si tú, junto al fuego, estás helándose, ¡cómo deben pasarlo esos que patalean ahí arriba!».

Y como era compasivo de natural, arrimó la escalera y fue desatando los cadáveres, uno tras otro, y bajándolos al suelo. Sopló luego el fuego para avivarlo, y dispuso los cuerpos en torno al fuego para que se calentasen; pero los muertos permanecían inmóviles, y los llamas prendieron en sus ropas. Al verlo, el muchacho les advirtió:

-Si no tienen cuidado, los volveré a colgar.

Pero los ajusticiados nada respondieron, y sus andrajos siguieron quemándose. Se irritó entonces el mozo:

-Puesto que se empeñan en no tener cuidado, nada puedo hacer por ustedes; no quiero quemarme yo también.

Y los colgó nuevamente, uno tras otro; hecho lo cual, volvió a sentarse al lado de la hoguera y se quedó dormido.

A la mañana siguiente se presentó el hombre, dispuesto a cobrar las cincuenta monedas.

-Qué, ¿ya sabes ahora lo que es el miedo?

-No -replicó el mozo-. ¿Cómo iba a saberlo? Esos de ahí arriba ni siquiera han abierto la boca, y fueron tan tontos que dejaron que se quemasen los harapos que llevan.

Vio el hombre que por aquella vez no embolsaría las monedas, y se alejó murmurando:

-En mi vida me he topado con un tipo como éste.

Siguió también el mozo su camino, siempre expresando en voz alta su idea fija: «¡Si por lo menos supiese lo que es el miedo! ¡Si por lo menos supiese lo que es el miedo!». Lo escuchó un carretero que iba tras él, y le preguntó:

-¿Quién eres?

-No lo sé -respondió el joven.

-¿De dónde vienes? -siguió inquiriendo el otro.

-No lo sé.

-¿Quién es tu padre?

-No puedo decirlo.

-¿Y qué demonios estás refunfuñando entre dientes?

-¡Oh! -respondió el muchacho-, quisiera saber lo que es el miedo, pero nadie puede enseñármelo.

-Basta de tonterías -replicó el carretero-. Te vienes conmigo y te buscaré alojamiento.

Lo acompañó el mozo, y, al anochecer, llegaron a una hospedería. Al entrar en la sala repitió el mozo en voz alta:

-¡Si al menos supiera lo que es el miedo!

Oyéndolo el posadero, se echó a reír, y dijo:

-Si de verdad lo quieres, tendrás aquí buena ocasión para enterarte.

-¡Cállate, por Dios! -exclamó la patrona-. Más de un temerario lo ha pagado ya con la vida. ¡Sería una pena que esos hermosos ojos no volviesen a ver la luz del día!

Pero el muchacho replicó:

-Por costoso que sea, quisiera saber lo que es el miedo; para esto me marché de casa.

Y estuvo importunando al posadero, hasta que éste se decidió a contarle que, a poca distancia de allí, se levantaba un castillo encantado, donde, con toda seguridad, aprendería a conocer el miedo si estaba dispuesto a pasar tres noches en él. Le dijo que el Rey había prometido casar a su hija, que era la doncella más hermosa que alumbrara el sol, con el hombre que a ello se atreviese. Además, había en el castillo valiosos tesoros, capaces de enriquecer al más pobre, que estaban guardados por espíritus malos, y podrían recuperarse al desvanecerse el maleficio. Muchos lo habían intentado ya, pero ninguno había escapado con vida de la empresa.

A la mañana siguiente, el joven se presentó al Rey y le dijo que, si se le autorizaba, él se comprometía a pasarse tres noches en vela en el castillo encantado.

Lo miró el Rey, y como su aspecto le resultara simpático, le dijo:

-Puedes pedir tres cosas para llevarte al castillo, pero deben ser cosas inanimadas.

A lo que contestó el muchacho:

-Deme entonces fuego, un torno y un banco de carpintero con su cuchilla.

El Rey hizo llevar aquellos objetos al castillo. Al anochecer subió a él el muchacho, encendió en un aposento un buen fuego, colocó al lado el banco de carpintero con la cuchilla y se sentó sobre el torno.

-¡Ah! ¡Si por lo menos aquí tuviera miedo! -suspiró-. Pero me temo que tampoco aquí me enseñarán lo que es.

Hacia medianoche quiso avivar el fuego, y mientras lo soplaba oyó de pronto unas voces, procedentes de una esquina, que gritaban:

-¡Au, miau! ¡Qué frío hace!

-¡Tontos! -exclamó él-. ¿Por qué gritan? Si tienen frío, acérquense al fuego a caliéntense.

Apenas hubo pronunciado estas palabras, llegaron de un enorme brinco dos grandes gatos negros que, sentándose uno a cada lado, clavaron en él una mirada ardiente y feroz. Al cabo de un rato, cuando ya se hubieron calentado, dijeron:

-Compañero, ¿qué te parece si echamos una partida de naipes?

-¿Por qué no? -respondió él-. Pero antes muéstrenme las patas.

Los animales sacaron las garras.

-¡Ah! -exclamó el muchacho-. ¡Vaya uñas largas! Primero se las cortaré.

Y, agarrándolos por el cuello, los levantó y los sujetó por las patas al banco de carpintero.

-He adivinado sus intenciones -dijo- y se me han pasado las ganas de jugar a las cartas.

Acto seguido los mató de un golpe y los arrojó al estanque que había al pie del castillo.

Despachados ya aquellos dos y cuando se disponía a instalarse de nuevo junto al fuego, de todos los rincones y esquinas empezaron a salir gatos y perros negros, en número cada vez mayor, hasta el punto de que ya no sabía él dónde meterse. Aullando lúgubremente, pisotearon el fuego, intentando esparcirlo y apagarlo. El mozo estuvo un rato contemplando tranquilamente aquel espectáculo hasta que, al fin, se amoscó y, empuñando la cuchilla y gritando: «¡Fuera de aquí, chusma asquerosa!», arremetió contra el ejército de alimañas. Parte de los animales escapó corriendo, el resto los mató, y arrojó sus cuerpos al estanque. De vuelta al aposento, reunió las brasas aún encendidas, las sopló para reanimar el fuego y se sentó nuevamente a calentarse. Y estando así sentado, le vino el sueño, con una gran pesadez en los ojos. Miró a su alrededor, y descubrió en una esquina una espaciosa cama. «A punto vienes», dijo, y se acostó en ella sin pensarlo más.

Pero apenas había cerrado los ojos cuando el lecho se puso en movimiento, como si quisiera recorrer todo el castillo. «¡Tanto mejor!», se dijo el mozo. Y la cama seguía rodando y moviéndose, como tirada por seis caballos, cruzando umbrales y subiendo y bajando escaleras. De repente, ¡hop!, un vuelco, y queda la cama patas arriba, y su ocupante debajo como si se le hubiese venido una montaña encima.

Lanzando al aire mantas y almohadas, salió de aquel revoltijo, y, exclamando: «¡Que pasee quien tenga ganas!», volvió a la vera del fuego y se quedó dormido hasta la madrugada.

A la mañana siguiente se presentó el Rey, y, al verlo tendido en el suelo, creyó que los fantasmas lo habían matado.

-¡Lástima, tan guapo mozo! -dijo.

Lo escuchó el muchacho e, incorporándose, exclamó:

-¡No están aún tan mal las cosas!

El Rey, admirado y contento, le preguntó qué tal había pasado la noche.

-¡Muy bien! -respondió el interpelado-. He pasado una, también pasaré las dos que quedan.

Al entrar en la posada, el hostelero se quedó mirándolo como quien ve visiones.

-Jamás pensé volver a verte vivo -le dijo-. Supongo que ahora sabrás lo que es el miedo.

-No -replicó el muchacho-. Todo es inútil. ¡Ya no sé qué hacer!

Al llegar la segunda noche, se encaminó de nuevo al castillo y, sentándose junto al fuego, volvió a la vieja canción: «¡Si siquiera supiese lo que es el miedo!». Antes de medianoche se oyó un estrépito. Quedo al principio, luego más fuerte; siguió un momento de silencio, y, al fin, emitiendo un agudísimo alarido bajó por la chimenea la mitad de un hombre y fue a caer a sus pies.

-¡Caramba! -exclamó el joven-. Aquí falta una mitad. ¡Hay que tirar más!.

Volvió a oírse el estruendo, y, entre un alboroto de gritos y aullidos, cayó la otra mitad del hombre.

-Aguarda -exclamó el muchacho-. Voy a avivarte el fuego.

Cuando, ya listo, se volvió a mirar a su alrededor, las dos mitades se habían soldado, y un hombre horrible estaba sentado en su sitio.

-¡Eh, amigo, que éste no es el trato! -dijo-. El banco es mío.

El hombre quería echarlo, pero el mozo, empeñado en no ceder, lo apartó de un empujón y se instaló en su asiento.

Bajaron entonces por la chimenea nuevos hombres, uno tras otro, llevando nueve tibias y dos calaveras, y, después de colocarlas en la posición debida, comenzaron a jugar a bolos. Al muchacho le entraron ganas de participar en el juego y les preguntó:

-¡Hola!, ¿puedo jugar yo también?

-Sí, si tienes dinero.

-Dinero tengo -respondió él-. Pero sus bolos no son bien redondos.

Y, cogiendo las calaveras, las puso en el torno y las modeló debidamente.

-Ahora rodarán mejor -dijo-. ¡Así da gusto!

Jugó y perdió algunos florines; pero al dar las doce, todo desapareció de su vista. Se tendió y durmió tranquilamente. A la mañana siguiente se presentó de nuevo el Rey, curioso por saber lo ocurrido.

-¿Cómo lo has pasado esta vez? -le preguntó.

-Estuve jugando a los bolos y perdí unas cuantas monedas.

-¿Y no sentiste miedo?

-¡Qué va! -replicó el chico-. Me he divertido mucho. ¡Ah, si pudiese saber lo que es el miedo!

La tercera noche, sentado nuevamente en su banco, suspiraba mohíno y malhumorado: «¡Por qué no puedo sentir miedo!».

Era ya bastante tarde cuando entraron seis hombres fornidos llevando un ataúd. Dijo él entonces:

-Ahí debe de venir mi primito, el que murió hace unos días.

-Y, haciendo una seña con el dedo, lo llamó:

-¡Ven, primito, ven aquí!

Los hombres depositaron el féretro en el suelo. El mozo se les acercó y levantó la tapa: contenía un cuerpo muerto. Le tocó la cara, que estaba fría como hielo.

-Aguarda -dijo-, voy a calentarte un poquito.

Y, volviéndose al fuego a calentarse la mano, la aplicó seguidamente en el rostro del cadáver; pero éste seguía frío. Lo sacó entonces del ataúd, se sentó junto al fuego con el muerto sobre su regazo, y se puso a frotarle los brazos para reanimar la circulación. Como tampoco eso sirviera de nada, se le ocurrió que metiéndolo en la cama podría calentarlo mejor. Lo acostó, pues, lo arropó bien y se echó a su lado. Al cabo de un rato, el muerto empezó a calentarse y a moverse. Dijo entonces el mozo:

-¡Ves, primito, cómo te he hecho entrar en calor!

Pero el muerto se incorporó, gritando:

-¡Te voy a estrangular!

-¿Esas tenemos? -exclamó el muchacho-. ¿Así me lo agradeces? Pues te volverás a tu ataúd.

Y, levantándolo, lo metió en la caja y cerró la tapa. En esto entraron de nuevo los seis hombres y se lo llevaron.

-No hay manera de sentir miedo -se dijo-. Está visto que no me enteraré de lo que es, aunque pasara aquí toda la vida.

Apareció luego otro hombre, más alto que los anteriores, y de terrible aspecto; pero era viejo y llevaba una larga barba blanca.

-¡Ah, bribonzuelo -exclamó-; pronto sabrás lo que es miedo, pues vas a morir!

-¡Calma, calma! -replicó el mozo-. Yo también tengo algo que decir en este asunto.

-Deja que te agarre -dijo el ogro.

-Poquito a poco. Lo ves muy fácil. Soy tan fuerte como tú, o más.

-Eso lo veremos -replicó el viejo-. Si lo eres, te dejaré marchar. Ven conmigo, que haremos la prueba.

Y, a través de tenebrosos corredores, lo condujo a una fragua. Allí empuñó un hacha, y de un hachazo clavó en el suelo uno de los yunques.

-Yo puedo hacer más -dijo el muchacho, dirigiéndose al otro yunque. El viejo, colgante la blanca barba, se colocó a su lado para verlo bien. Cogió el mozo el hacha, y de un hachazo partió el yunque, aprisionando de paso la barba del viejo.

-Ahora te tengo en mis manos -le dijo-; tú eres quien va a morir.

Y, agarrando una barra de hierro, la emprendió con el viejo hasta que éste, gimoteando, le suplicó que no le pegara más; en cambio, le daría grandes riquezas. El chico desclavó el hacha y lo soltó. Entonces el hombre lo acompañó nuevamente al palacio, y en una de las bodegas le mostró tres arcas llenas de oro:

-Una de ellas es para los pobres; la otra, para el Rey, y la tercera, para ti. Dieron en aquel momento las doce, y el trasgo desapareció, quedando el muchacho sumido en tinieblas.

-De algún modo saldré de aquí -se dijo.

Y, moviéndose a tientas, al cabo de un rato dio con un camino que lo condujo a su aposento, donde se echó a dormir junto al fuego.

A la mañana siguiente compareció de nuevo el Rey y le dijo:

-Bien, supongo que ahora sabrás ya lo que es el miedo.

-No -replicó el muchacho-. ¿Qué es? Estuvo aquí mi primo muerto, y después vino un hombre barbudo, el cual me mostró los tesoros que hay en los sótanos; pero de lo que sea el miedo, nadie me ha dicho una palabra.

Dijo entonces el Rey:

-Has desencantado el palacio y te casarás con mi hija.

-Todo eso está muy bien -repuso él-. Pero yo sigo sin saber lo que es el miedo. Sacaron el oro y se celebró la boda. Pero el joven príncipe, a pesar de que quería mucho a su esposa y se sentía muy satisfecho, no cesaba de suspirar: «¡Si al menos supiese lo que es el miedo!».

Al fin, aquella cantinela acabó por irritar a la princesa. Su camarera le dijo:

-Yo lo arreglaré. Voy a enseñarle lo que es el miedo.

Se dirigió al riachuelo que cruzaba el jardín y mandó que le llenaran un barreño de agua con muchos pececillos. Por la noche, mientras el joven dormía, su esposa, instruida por la camarera, le quitó bruscamente las ropas y le echó encima el cubo de agua fría con los peces, los cuales se pusieron a coletear sobre el cuerpo del muchacho. Éste despertó de súbito y echó a gritar:

-¡Ah, qué miedo, qué miedo, mujercita mía! ¡Ahora sí que sé lo que es el miedo!

Narrador de cuentos: Juan sin miedo

The Storyteller (El narrador de cuentos) fue una serie británica creada en los años ochentas por el amo de los títeres y creador de Los Muppets (los teleñecos), Jim Henson. Más precisamente en 1987. John Hurt (y luego Sir Michael Gambon) interpretaba a un viejo de siniestro aspecto que contaba historias infantiles clásicas de origen europeo. Lo acompañaba un perro que hablaba, una marioneta cuya voz era aportada por Brian Henson, el hijo de Jim, y director de algunos de los films de Los Muppets.

En este capítulo: la adaptación del cuento de los hermanos Grimm, Juan sin miedo.






domingo, 15 de noviembre de 2009

Figuritas: Marte Ataca (sobre 9)

Lo pendiente debe ser terminado. Pronto publicaré las notas finales sobre Giger que aun debo. Mientras tanto cerramos la entrega de Marte Ataca con las últimas expansiones publicadas en 1994. Incluye una versión modernizada de su imagen más polémica: la de la muerte del perro.

Clic en las imágenes para ampliar.




By a direct order of the President of the United States, all non-essential commercial flights were canceled. Due to direct hits by Martian forces on strategic air force bases, aviation fuel had become in very short supply. All remaining fuel was to be conserved for use by the U.S. Army jet fighters in combatting the Martian invaders in direct air to air assaults. The last commercial airliner to fly, Flight 509 to Hawaii and full of reveling holiday vacationers, met with disaster just minutes from its scheduled landing. A Martian flying saucer, just launched from its secret base inside of and extinct Hawaiian volcano, sliced through the plane fuselage like a hot knife through butter. All 207 passengers, including 48 women and 42 children, were killed.



Hungry and alone, a young girl wanders the desolate streets in search of her missing parents. The little girl wonders if her mommy and daddy will spank her for taking the cloth doll from the broken window of the toy store. Coming across the sweet shoppe, the girl is puzzled to find the store open with no one around. Hunger wins out as she helps herself to two scoops of delicious strawberry ice cream. She knows that it is wrong to steal and leaves her last buffalo nickel on the counter. As the tired, befuddled girl leaves the shoppe she encounters a Martian, which frightens her greatly. Not knowing that she should run in fear, she offers her ice cream cone as a sort of peace offering asking, "Will you be my friend?"



Before the Martian invasion, warring gangs roamed the streets of New York City. Bloodshed was a common sight as factions clashed for no other reason than the colors of their skin were different! Being the wrong color on the side of the street brought out tensions which boiled over. When the Martians attacked, the gangs realized that there no longer was a right or wrong side of the street. A truce, brought about by the gang leaders, united all gangs regardless of race or color against a common threat- the destruction of the human race by a Martian invasion force. Knives, chains, axes, and rocks, once handy weapons used by humans against humans, were now used against a common foe. For the first time gangs banded together to repel this invasion of their turf. How long the truce would last was anyone's guess. They just knew that it would last long enough to fight back against the Martians.



Following the swift and utter destruction of Earth's major cities, Martian leaders ordered their death squads to spread fear and death into the suburbs. Like every other Saturday, a boy and his sister, along with their faithful dog, made the trip into their local five and dime store. A pocket full of change was traded for bubble gum, trading cards, and comic books, all the things that made being ten years old fun. This Saturday, however, was different as Martian hit squads used atomic powered ray guns and solar powered flame throwers to destroy everything in their path. More horrific than any science fiction story ever imagined in a comic book, the Martians had arrived in the suburbs.



Mutated insects, enlarged hundreds of times by Martian scientists, swarmed over the Earth in search of breeding grounds. Damp, dark corners made ideal nesting areas in which these slimy, vile insects laid thousands of fertile eggs. A bevy of coeds accidentally stumbled upon one such nesting ground in the women's locker room showers. The giant insect, in an effort to protect her hatching brood, used her massive mandibles and sharp teeth to eliminate her victims. Coeds that would have shrieked at the sight of the insect even at its normal size ran in blind terror, falling victim to the enlarged insect's decapitating pinchers.



Army forces began mopping up after successfully routing the Martian high command. Braving being caught in the cataclysmic death-throes of a dying planet, the triumphant Earth forces raised the American flag in the barren Martian soil. For the first time in the history of mankind, the flag is proudly flown on another planet. As geologic forces began to rupture the very core of the red planet, the few remaining army soldiers, running dangerously low on oxygen, returned to the awaiting spaceships. As the red dust swirled from the thrusts of the spaceships engines, Army soldiers ecstatic over their triumph over the Martians saluted "Old Glory" as it disappeared from sight.



jueves, 12 de noviembre de 2009

Momentos Imborrables: Todo lo que quiso saber sobre el sexo pero temía preguntar (1972)

El cine nos ofreció desde sus inicios criaturas gigantes increíbles. Desde King Kong a Godzilla, de la mancha voraz al engendro de Cloverfield. Pero como ésta, nunca se volvió a ver.

Everything You Always Wanted To Know About Sex (But Were Afraid To Ask) fue una película dirigida y protagonizada por Woody Allen en los inicios de su carrera. Estaba inspirada en un libro del mismo nombre escrito por el doctor David Reuben sobre tabúes como la zoofilia y el travestismo. El film tomaba los capítulos del libro y armaba sketchs paródicos sobre los mismos.

Clip en inglés, pero cuyas imágenes hablan por sí solas.